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Pasión sin freno

Mauro Pulia y su travesía mundialista: trabajo, ingenio y una obsesión que no afloja

Fanático de Boca, coleccionista de figuritas y experto en rebusques para costearse los viajes, Mauro Pulia ya pasó por Rusia, Brasil y Qatar. Ahora apunta a Estados Unidos 2026, donde será voluntario de FIFA y seguirá detrás de ese sueño heredado de su padre.

Mauro Pulia y su travesía mundialista: trabajo, ingenio y una obsesión que no afloja

Hay gente que mira fútbol. Y después está Mauro Pulia, que directamente armó su vida alrededor de una pelota. Lo suyo ya no es un hobby ni una simple locura pasajera: es una forma de vivir, con laburo, ahorro y mucha inventiva puestos al servicio de un objetivo clarito, no perderse ningún Mundial. Fanático de Boca Juniors, periodista deportivo, corresponsal de DirecTV Perú en surf, guardavidas, freelancer y hasta cortador de pasto, fue juntando experiencia y plata para seguir a la Selección Argentina por el mundo. En diálogo con "Conversatorio", el programa que va los lunes a las 20 por LaMil20, contó historias impresionantes de un camino que ya lo llevó a Brasil, Rusia y Qatar, y que ahora lo tiene enfocado en Estados Unidos 2026.

"Vivo trabajando para darme el gusto de poder viajar", resumió, y la frase explica bastante. Porque Mauro no tiene sponsors que le cubran el boleto ni una billetera mágica atrás. Lo suyo es sacrificio puro: durante el año corta el pasto, hace trabajos freelance, cubre deportes y guarda cada peso pensando en el próximo destino. Sabe que el Mundial de Estados Unidos será de los más caros por las distancias y los traslados, pero igual ya lo viene encaminando. Encima consiguió ser voluntario de FIFA en Guadalajara, donde podrá vivir desde adentro parte del torneo y ver partidos de la zona de España. También ya tiene entradas para otros encuentros y prepara una nueva puesta en escena para no pasar desapercibido en las tribunas.

Y ahí aparece uno de sus sellos más llamativos. En Qatar se disfrazó de camello. En Brasil vendía caipiriñas para juntar plata y seguir viaje. Pero la anécdota que más ruido hizo fue en Rusia 2018, cuando se mandó un plan digno de película. "Hice un estudio de marketing y descubrí que allá aman a Natalia Oreiro", contó entre risas. Entonces viajó con CDs y gorros de la cantante uruguaya y empezó a venderlos en plena Plaza Roja. Pero había un detalle todavía más increíble: "Me hacía pasar por el primo de Natalia Oreiro". La jugada funcionó. Vendía los CDs a 15 dólares y los gorros a 30. Con esa plata logró comprar la entrada para el partido de octavos de final entre Argentina y Francia.

Para el próximo Mundial ya tiene otra idea bajo la manga: vestirse como la Estatua de la Libertad, convencido de que la Copa también es una fiesta cultural y un escenario ideal para crear recuerdos inolvidables. Pero detrás de toda esa puesta en escena hay una historia más profunda, mucho más sentida. La pasión le viene de su padre, que le transmitió el amor por el fútbol, por los Mundiales y por las figuritas. Gracias a esa herencia, Mauro conserva todos los álbumes desde Argentina 1978 hasta hoy. Todos completos. O casi. Le faltaban algunas figuritas de los álbumes de 1994 y 2014, hasta que alguien que conoció su historia se las regaló para ayudarlo a cerrar la colección.

Hoy, su habitación parece un pequeño museo futbolero. Hay camisetas, recuerdos de Boca, reliquias de viajes y tesoros mundialistas acumulados durante años. Cada objeto tiene su historia, cada camiseta guarda una anécdota y cada figurita representa una parte de su vida. Mauro Pulia no persigue solamente partidos: persigue emociones, recuerdos y esa sensación única que dejan los Mundiales en los que uno siente que está viviendo algo irrepetible.

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