Murió José Carlos Rufino, la voz que hizo latir las rutas de San Juan
A los 89 años falleció "El Negro", un relator entrañable que acompañó durante décadas las carreras más importantes de la región. Su figura quedó ligada para siempre a la pasión del ciclismo sanjuanino.
José Carlos Rufino se fue a los 89 años y dejó un vacío enorme en el ciclismo de San Juan. Para varias generaciones, su voz era parte del paisaje de la ruta, de la mañana fresca o del calor bravo de una llegada. No hacía falta verlo para saber que estaba ahí: cuando hablaba "El Negro", la carrera empezaba de verdad. Y así, con esa presencia tan suya, se ganó un lugar imborrable en la memoria del deporte cuyano.
Rufino no fue solo un relator. Fue memoria, compañía y ojo clínico para leer cada movimiento del pelotón. Siempre prolijo, con su cuaderno gastado y la lapicera lista, seguía a los ciclistas como pocos. Les conocía la forma de pedalear, los gestos, los silencios y hasta el temple para aguantar una fuga. Con apenas una señal, ya intuía que se venía una escapada. Y entonces armaba ese relato que convertía cada tramo en una historia grande, de esas que se escuchan con el corazón en la mano.
Su nombre quedó pegado a competencias como la Vuelta a San Juan, las clásicas cuyanas, pruebas en Mendoza y también la Doble Bragado. Estaba primero en llegar y último en irse, siempre dispuesto a colaborar para que todo saliera bien. Recorrió miles de kilómetros, desde los tiempos del viejo Ford Falcon hasta los vehículos más modernos, llevando la misma pasión de siempre. Hoy, el ciclismo sanjuanino siente su ausencia, pero también guarda intacto el legado de un hombre que hizo del micrófono una bandera y del deporte una forma de vida.
La despedida duele, claro que sí. Pero la huella de José Carlos Rufino no se borra así nomás. Quedó en los relatos, en las anécdotas, en el cariño de la gente y en la historia de su familia, con José Carlos Junior y Guillermo siguiendo esa estela. En cada bici que salga a la ruta y en cada vecino que se acerque a ver pasar el pelotón, va a seguir apareciendo algo de él. Porque hay voces que no se apagan: se quedan rodando para siempre.