La minería apunta a un salto fuerte y podría rozar los USD 9.000 millones en 2026
El empuje del oro y el litio deja una proyección ambiciosa, pero el sector advierte que el verdadero desafío es que esa plata se sienta en las provincias.
Las exportaciones mineras argentinas podrían pegar un salto importante y llegar a los USD 9.000 millones en 2026, empujadas por la suba internacional del oro y el litio. La proyección fue difundida por la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) y marca un crecimiento cercano al 49% frente a 2025, cuando el sector cerró con USD 6.056 millones. En el sector celebran el número, pero también dejan en claro que no alcanza con exportar más: el punto es cuánto de esa actividad termina derramando en la economía real.
El escenario combina dos movimientos distintos. Por un lado, el litio viene creciendo a paso firme: la producción pasó de 35.000 toneladas de carbonato equivalente en 2022 a 116.100 en 2025, un avance del 241%. Con ese ritmo, las ventas externas podrían superar los USD 1.400 millones en 2026. Por el otro, el oro y la plata se benefician de precios internacionales más altos, algo que explica buena parte del aumento en el valor exportado. En el caso del oro, incluso con menos volumen producido, las exportaciones crecieron igual, una señal clara de la dependencia que tiene el sector de las cotizaciones globales.
Roberto Cacciola, presidente de la CAEM, fue directo sobre ese punto: la mejora en metales preciosos no se debe a una mayor extracción. "Si los precios regresaran a los niveles de 2022, ninguna mina de oro y plata podría sostener sus operaciones en la Argentina a causa de los altos costos actuales", advirtió. La frase deja en evidencia una fragilidad de fondo: hoy el negocio camina gracias al contexto internacional, no tanto por un salto productivo propio. Y eso, en un país como la Argentina, siempre deja la cuenta abierta.
El peso de la minería no se reparte de manera pareja. Según la cámara, la actividad explica el 93,2% de las exportaciones de Catamarca, el 85,5% de Santa Cruz, el 85,4% de San Juan, el 80,6% de Jujuy y el 44,2% de Salta. En conjunto, el sector representa cerca del 20% del volumen económico del agro, una dimensión que lo ubica como una pieza pesada dentro de la economía nacional. En provincias como San Juan, el impacto se sigue de cerca porque cada movimiento del sector se siente en toda la cadena local.
La gran apuesta hacia adelante pasa por el RIGI, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Hoy hay 13 proyectos presentados y siete ya aprobados. Si avanzan todos, podrían sumar exportaciones por unos USD 22.000 millones hacia 2035, sobre todo en cobre y litio. Pero ahí aparece la discusión de fondo: bajo las condiciones actuales, hasta el 80% de los bienes y servicios podrían venir importados. "Eso resultaría contraproducente para el país", señaló Cacciola, y remarcó que ni un compre local forzado ni una apertura sin controles ayudan al desarrollo. El planteo es claro: la minería puede crecer, sí, pero la ganancia tiene que dejar algo más que cifras en los papeles.
En materia laboral, la cámara asegura que la actividad ya genera más de 100.000 empleos directos, con una relación de dos puestos indirectos por cada trabajador formal. Además, el salario promedio supera en 2,5 veces el nivel nacional y la informalidad se ubica en apenas 1,3%. El entramado incluye unas 800 empresas proveedoras en proyectos en desarrollo y cerca de 550 en operación. Igual, la expansión del empleo depende de que lleguen nuevas inversiones y de que haya mano de obra preparada para lo que viene.
El camino, sin embargo, sigue lleno de obstáculos. La Ley de Glaciares continúa judicializada y complica el avance de proyectos estratégicos. Cacciola indicó que entre 100 y 200 áreas del inventario del IANIGLA están bajo revisión, un dato que puede definir el ritmo de expansión de la actividad. A eso se suma la falta de infraestructura logística, otro dolor de cabeza para el sector, que pide corredores hacia el Atlántico y el Pacífico, incluso con salida por puertos chilenos. En paralelo, la industria ve un clima político más favorable, con mayor respaldo de Nación y provincias, aunque insiste en que sin consenso real y reglas claras, el despegue puede quedar a mitad de camino.