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Polémica en palacio

Un almuerzo entre excompañeros le abrió un frente caliente a Kast en La Moneda

A poco de asumir, el presidente chileno quedó en el centro de las críticas por una reunión privada con 50 exalumnos en la sede de gobierno. La oposición reaccionó fuerte y ya llevó el caso a Contraloría.

Un almuerzo entre excompañeros le abrió un frente caliente a Kast en La Moneda

Apenas un mes después de asumir la presidencia de Chile, José Antonio Kast quedó metido en su primer sacudón político. El motivo fue un almuerzo privado en el histórico Palacio de La Moneda, donde se juntaron unos 50 excompañeros de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. Lo que parecía una reunión tranquila terminó convirtiéndose en un dolor de cabeza cuando se filtraron imágenes en redes sociales. En las fotos se veía a los invitados compartiendo un menú con plateada al jugo y vino tinto, algo que chocó de frente con el discurso de austeridad que venía sosteniendo el mandatario.

Frente a la andanada de críticas, Kast tuvo que salir a dar explicaciones públicas en la sede del Consejo para la Transparencia. Allí admitió que la actividad fue un desacierto y lo atribuyó a un "desconocimiento" de los protocolos para usar la casa de gobierno. También aseguró que no se usaron recursos públicos para la comida, aunque sí para el servicio, una aclaración que no alcanzó para bajar la tensión. Desde la oposición no le dejaron pasar el episodio y cuestionaron que se haya usado infraestructura estatal para un encuentro personal.

La polémica tomó todavía más peso porque Kast es el primer presidente chileno en vivir dentro de La Moneda desde 1958, una decisión que él mismo defendió por ahorro en alquiler y traslados. Sin embargo, la jugada ahora quedó bajo la lupa. La oposición presentó una denuncia formal ante la Contraloría General de la República, que investiga si hubo uso indebido de fondos públicos no solo en este almuerzo, sino también en otros eventos recientes vinculados a la residencia presidencial y a la oficina del presidente electo. El Ejecutivo tiene diez días para responder, mientras el escándalo sigue haciendo ruido en la opinión pública. La frase del mandatario, "nadie puede sentirse invitado a almorzar salvo que sea un acto oficial", buscó ponerle un límite al tema, aunque por ahora el frente sigue abierto y bien caliente.

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