Milo Ortega, el pibe de La Bebida que metió un golazo y ya es de River
Con 13 años, enganche y una historia de esfuerzo atrás, el chico sanjuanino pasó la prueba, firmó su vínculo y arrancó en las inferiores millonarias. Un salto enorme que emociona en Rivadavia.
Milo Ortega tiene 13 años y viene de La Bebida, en Rivadavia. Su nombre empezó a correr fuerte después de una prueba que le abrió una puerta gigantesca: ya es jugador de River Plate. La historia tiene de todo un poco: sacrificio, nervios, viaje largo y una chance que no se le escapó. En San Juan, más de uno sigue este caso con orgullo y piel de gallina.
El chico viajó acompañado por su mamá, Yamila Montaña, y se presentó con lo que tenía a mano: botines gastados y unos simples zoquetes. Nada de lujos ni apariencias. Entró a la cancha, mostró lo suyo y enseguida llamó la atención de los captadores. Lo dejaron para una segunda prueba, volvió a destacarse y terminó de convencerlos. Es enganche, de esos que piensan rápido, levantan la cabeza y hacen jugar al resto.
Después vino la movida grande: llegar a Núñez para la prueba definitiva. Ahí aparecieron los apoyos para que el sueño no se frenara. El intendente de Rivadavia colaboró con los pasajes en avión y el vicegobernador Fabián Martín aportó ayuda económica para cubrir estadía y traslados. Durante cuatro días, Milo y su mamá se quedaron en la casa de un familiar en provincia de Buenos Aires. Y el pibe respondió adentro de la cancha, como si no sintiera la presión.
"El lunes hizo dos goles, el martes repitió y el miércoles uno", contó Yamila, que no se despegó de él ni un segundo. El jueves, mientras estaban en la casa de una tía, llegó el mensaje que cambió todo. "No lo podíamos creer", resumió la mamá, todavía con la emoción a flor de piel. La confirmación fue inmediata: Milo quedó elegido, firmó su vínculo con River Plate y ya empezó a entrenar con la Novena División.
Ahora se abre una etapa nueva y fuerte. En los próximos días, su mamá volverá a San Juan para buscar sus cosas, mientras Milo se quedará en Buenos Aires siguiendo su camino en soledad. Es una historia que emociona porque habla de chicos que sueñan lejos, de familias que bancan y de oportunidades que, cuando llegan, hay que aprovecharlas sin pestañear. De La Bebida a Núñez, sin escalas. Y con un futuro que recién empieza.