La fábrica de pulóveres Mauro Sergio pidió el concurso de acreedores
Con 45 años de historia, la empresa marplatense pidió reordenar sus deudas para sostener su estructura industrial y cuidar el valor de su marca.
La histórica textil Textilana, dueña de la marca Mauro Sergio, movió una ficha fuerte en medio de la crisis que golpea al rubro: solicitó la apertura del concurso preventivo de acreedores. La compañía, nacida en Mar del Plata y con 45 años de trayectoria, busca negociar con sus acreedores para evitar un desenlace más duro y ordenar sus números sin frenar por completo la actividad.
La empresa llegó a tener 1000 empleados en su mejor época y hoy conserva alrededor de 300. Detrás de esa caída hay una seguidilla de golpes: baja del consumo, stock acumulado y una competencia cada vez más áspera en el mercado. En ese contexto, desde la firma remarcan que la idea es sostener la producción nacional y proteger una marca que supo ganarse un lugar pesado en el mundo de los sweaters.
Textilana fue fundada en los "70 por Mauro Sergio Todisco, conocido como "Gino", y arrancó con una sola máquina de tejer manual y trabajos a fason. En los "80, la marca empezó a abrir locales, incorporó tecnología de punta traída de Europa y se convirtió en una de las etiquetas más reconocidas del país. Hoy tiene más de una veintena de locales y vende prendas para mujer, hombre, niño y también artículos para el hogar.
La empresa siempre se destacó por hacer todo el proceso adentro de la planta: desde el hilado y el tejido hasta la comercialización. En sus años de esplendor, los trabajadores recuerdan que llegó a producir dos millones de sweaters. Pero el escenario cambió fuerte: a principios de 2024 sumó 50 operarios con la expectativa de crecer, aunque ese impulso no duró demasiado y los contratos no fueron renovados.
"Antes de la llegada de Javier Milei eramos 400 en la fábrica, luego se incorporaron 50 más. Pero la empresa terminó despidiendo y desvinculando a 150 trabajadores, la caída en las ventas y la apertura indiscriminada de la importación la terminó de matar. No había forma de competir. En la empresa hay un gran stock acumulado que no se puede vender", explicó a BAE Negocios el delegado de Textilana, Mauro Galván.
La situación se fue complicando de a poco. Desde el 16 de noviembre del 2025 la fábrica dejó de producir y suspendió a 175 trabajadores con el pago del 78% del sueldo, tras una larga negociación. El acuerdo marcaba que el 1 de abril todos debían reincorporarse, y eso finalmente se cumplió. En la planta, sin embargo, el clima era de incertidumbre: no había señales claras de un cambio de rumbo y el depósito ya no daba abasto para guardar más sweaters.
También hubo un retiro voluntario abierto, con acuerdos personales que se pagan en cuotas. Desde 2024, la firma venía trabajando cada vez más abajo de su capacidad: primero cayó al 70% de producción y después a menos del 50%. En ese camino, fue cerrando sectores, entre ellos el de remeras, y reubicó a unos 20 trabajadores.
Pese al panorama pesado, Sergio y Roxana Todisco, hijos del fundador, intentan sostener la empresa que heredaron. En la planta, varios trabajadores reconocen el esfuerzo: "Antes de la llegada de Javier Milei eramos 400 en la fábrica, luego se incorporaron 50 más. Pero la empresa terminó despidiendo y desvinculando a 150 trabajadores, la caída en las ventas y la apertura indiscriminada de la importación la terminó de matar. No había forma de competir. En la empresa hay un gran stock acumulado que no se puede vender", contó el delegado, que hace más de 20 años trabaja allí.
Según los registros del Banco Central, la compañía no presenta cheques rechazados y su deuda se mantiene en situación 1. El pasivo total que busca reestructurar asciende a $2.400 millones. En su comunicado, Textilana habló de un proceso de reordenamiento estratégico para fortalecer su producción nacional y aseguró que la medida apunta a garantizar la operatividad de la estructura industrial y el abastecimiento de mercadería a sus clientes.
La firma cerró su mensaje reafirmando su confianza en el país y su vocación de seguir produciendo calidad argentina, en un contexto que la obliga a tomar decisiones firmes para no quedar a la deriva en medio de una crisis que no da respiro.