Los kioscos resisten en San Juan, pero la cuenta cada vez aprieta más
Desde el sector aseguran que no hay una ola de cierres, aunque la baja en las ventas, los costos y la competencia feroz les complican el día a día a los kiosqueros sanjuaninos.
En medio de un panorama económico bien pesado, desde la Cámara de Kiosqueros de San Juan llevaron algo de tranquilidad: por ahora, no ven un derrumbe de negocios en la provincia. Claudio Rimza, presidente de la entidad, habló con Radio Mil20 y remarcó que la actividad sigue en pie, aunque con ventas flojas y mucha cintura para aguantar. "Las ventas no están óptimas, pero las llevamos", resumió. También marcó una diferencia con lo que pasa en otras partes del país, donde sí se sienten más los cierres.
Según explicó, en San Juan los kioscos siguen funcionando, aunque muchas veces cambian de manos. "Pueden cerrar uno o dos, pero en el mismo lugar abre otro. Si uno recorre los barrios, están los mismos kioscos de siempre e incluso hay más", señaló. Ese movimiento, dijo, también tiene que ver con gente que viene de otros rubros y ve en el kiosco una salida rápida para zafar de la crisis. Pero ojo, no es soplar y hacer botellas: requiere inversión, manejo y saber vender.
Rimza advirtió además que la competencia está cada vez más picante, sobre todo cuando dos o más locales se instalan muy cerca. "Se generan guerras de precios en una misma cuadra, donde un producto puede variar mucho de valor según el local", explicó. A eso se suma el peso de los gastos fijos, con la luz como una de las principales preocupaciones. "La luz nos pega directamente en el bolsillo. Cerca del 40% de lo que pagamos son impuestos", sostuvo, y apuntó que las pymes del rubro son las que más sienten ese golpe.
Otro punto que encendió la alarma fue la falta de controles en algunos casos. Desde el sector remarcan que hay comercios que trabajan sin habilitación y eso complica a quienes sí cumplen con todo como corresponde. "Hay gente que abre sin permisos y eso complica a los que cumplen con todo", dijo Rimza. En cuanto a la rentabilidad, fue claro: no aparece de un día para el otro. "Hay que sostenerlo al menos seis meses para saber si funciona", afirmó. Y cerró con un reclamo que viene sonando fuerte entre los pequeños comerciantes: menos presión impositiva para que el negocio no termine asfixiado.