Una psicóloga pidió mirar las señales y no dejar solo a quien sufre
Laura Martínez remarcó que el malestar psíquico no se explica solo por lo individual y llamó a reforzar los vínculos, la escucha y el acompañamiento cercano.
En medio de una preocupación que crece en todo el país, la psicóloga Laura Martínez puso el foco en un tema que no da tregua: la salud mental. En diálogo con Radio Mil20, planteó que no alcanza con mirar el problema de manera aislada, porque detrás de cada cuadro hay un entramado mucho más grande. Según explicó, las autolesiones y otras expresiones de sufrimiento psíquico no aparecen de la nada, sino atravesadas por factores sociales, económicos, políticos y culturales.
La especialista fue clara al señalar que durante años se cometió el error de leer estos casos sólo como una cuestión individual. "Es muy importante que primero establezcamos una mirada mucho más amplia y social", sostuvo, y advirtió que si no se toman en cuenta esos determinantes, se termina llegando tarde. Para Martínez, el corazón del problema está en el desgaste de los lazos, en esa desconexión con el otro que, a su entender, se vuelve cada vez más visible.
En esa línea, explicó que hay señales que pueden encender las alarmas, como el aislamiento, la pérdida de interés por actividades habituales o el enfriamiento de los vínculos. Pero también remarcó que esas pistas sólo se detectan cuando existe cercanía real. "No hay otra manera que para conocer y detectar el sufrimiento de un otro que mirando y hablando con ese otro", afirmó. Por eso insistió en recuperar el diálogo cotidiano, ese que muchas veces se pierde entre las corridas y la rutina.
Martínez también apuntó contra el uso permanente de pantallas y el lugar que ocupan las tecnologías en la vida diaria. "El celular, las tecnologías en general, las pantallas, es realmente un flagelo en el psiquismo", dijo, y aclaró que el impacto no se limita a chicos y adolescentes, sino que también alcanza a los adultos. Además, vinculó este fenómeno con una lógica más individualista, donde cada uno queda encerrado en sí mismo y se achica el espacio para el encuentro.
Sobre la familia, la psicóloga sostuvo que no puede pensarse como una isla, porque también refleja lo que pasa en la sociedad. "La familia no es más ni menos que un reflejo de lo que pasa en la sociedad", señaló, y remarcó que no se le puede exigir a los hogares que resuelvan solos problemas que vienen de más arriba. Al cierre, dejó una idea simple pero potente: volver a instalar espacios de diálogo, preguntar, acompañar y sostener. Porque, según resumió, cuando alguien se autolesiona, lo que busca no es morir, sino dejar de sufrir.