Mary González, la sanjuanina que empezó tarde y llegó bien alto
Arrancó en el tenis de mesa a los 50 y, dos décadas después, sigue dando que hablar. En Lima se colgó tres medallas y dejó una historia que emociona de verdad.
Hay trayectorias que pegan fuerte porque no se parecen a ninguna otra. La de María Angélica González, conocida como Mary, es de esas que te obligan a frenar un segundo y mirar con respeto. La sanjuanina volvió a dejar claro que los sueños no tienen horario de vencimiento. En el Iberosudamericano de Lima, se quedó con una medalla de oro en individuales, en la categoría 70 a 74 años, y sumó dos de plata en dobles y equipos.
Pero el dato deportivo, por sí solo, se queda corto frente a lo que representa su camino. Mary no salió de chica a vivir entre paletas y torneos. Su historia arrancó bastante después, cuando ya tenía 50 años y sus hijos se habían ido de casa. En ese momento de silencio y cambios, apareció una invitación simple, casi al pasar, de la mano de su esposo, Rubén Palacios: ir a jugar. Lo que parecía una salida para despejar la cabeza terminó marcándole la vida.
"Pensé que a los 50 años era una buena oportunidad para despejarme", dijo alguna vez. Y esa decisión, que en su momento pudo parecer chiquita, abrió una etapa nueva. Desde entonces no aflojó más: viajó, compitió, ganó, perdió y volvió a empezar cuantas veces hizo falta. En el camino fue sumando amistades, experiencias y una fuerza que hoy se nota en cada torneo, dentro y fuera del país.
Por eso su historia conmueve tanto. Porque no habla solo de medallas, sino de una mujer que supo transformar la ausencia en impulso y la rutina en una segunda vida. Mary González es, hoy, mucho más que una campeona. Es un ejemplo bien sanjuanino de constancia, coraje y ganas de seguir, aun cuando muchos ya habrían bajado los brazos.