La mora pega más fuerte de lo que creían los bancos: qué muestran los números de las empresas
Mientras la morosidad en las familias ya encendió alarmas, ahora también aparece un deterioro preocupante en la caja de las compañías. Los datos oficiales todavía no lo muestran del todo, pero en los bancos ya toman nota.
En los últimos meses, el debate sobre los créditos bancarios se concentró en la mora de las familias. Y no era para menos: con datos a diciembre último, el ratio de irregularidad en los préstamos a los hogares trepó al 9,3%, empujado por niveles superiores al 12% en préstamos personales y casi un 9% en tarjetas de crédito. Un máximo histórico para ese segmento, que deja en claro el golpe directo al bolsillo de los consumidores.
Ese cuadro se explica, sobre todo, por las elevadas tasas de interés que cobran los bancos frente a ingresos cada vez más ajustados. Pero, mientras todos miraban ese frente, debajo de la superficie empezó a asomar otro problema: la deuda del sector corporativo. Y ahí, según advierten en el sistema financiero, se estaría gestando un fenómeno igual de delicado, aunque todavía parcialmente escondido en las estadísticas oficiales.
Si se mira la foto general que publica el BCRA, la irregularidad de las empresas aparece en un 2,5%, un número que en principio parece bajo. Sin embargo, esa cifra choca con lo que describen desde los bancos, donde crece la preocupación por los problemas de repago que comenzaron a notarse con más fuerza en febrero y marzo de este año. La pregunta que sobrevuela es simple: ¿las dificultades corporativas aparecieron de golpe y todavía no se ven en los datos, o el indicador tradicional no está midiendo la magnitud real del desgaste?
Un informe de la consultora económica LCG puso la lupa sobre el empeoramiento crediticio de las compañías. Allí explican que los ratios clásicos suelen quedar algo "diluidos" por el ingreso de nuevos préstamos, que entran sanos al sistema, y por el peso de las grandes empresas, que en general pagan mejor que las pymes. Pero esta vez ni siquiera los grandes deudores quedaron al margen: el ratio de irregularidad de los 100 mayores deudores del sistema —que concentran el 34% del crédito corporativo— llegó al 4,2% en diciembre, por encima del promedio general del segmento.
Para sacar el efecto de las colocaciones nuevas, el análisis siguió la evolución de un mismo grupo de deudores durante un año. El resultado fue duro: mientras la irregularidad general de las empresas marcaba ese 2,5% a fines de 2025, casi un 15% de la cartera comercial que ya existía un año antes empeoró su situación crediticia. Del otro lado, menos del 1% logró mejorar. Un deterioro que, según el reporte, supera con amplitud episodios críticos recientes como diciembre de 2018 (4,2%) y 2019 (5,5%), e incluso se ubica por encima de la crisis global de mayo de 2009, cuando la irregularidad total rondaba el 5%.
Lo que más inquieta es la velocidad del golpe. Más del 80% de ese 15% de empresas que empeoraron su calificación eran deudores que estaban en Situación 1 en diciembre de 2024 y cayeron en categorías de irregularidad en apenas doce meses. Para los analistas, se trata de una desmejora vertical, sin margen para reaccionar a tiempo.
¿Cuál es la causa de fondo? Desde LCG señalan que no se trata solamente de un problema monetario. No sería, al menos por ahora, una sacudida derivada de la volatilidad de las tasas de interés, que el Gobierno mantiene contenidas y con una leve tendencia a la baja. La explicación, dicen, es más cruda y estructural: la recesión, el deterioro del poder adquisitivo y las dificultades crecientes en sectores productivos clave, como la construcción, que ya muestra un 4,7% de mora, están complicando la capacidad de repago.
En ese contexto, muchas compañías quedaron atrapadas entre ventas en caída y deudas tomadas en otro momento, cuando el panorama era más favorable. El resultado es una desmejora marcada en los indicadores, que con seguridad se verá reflejada cuando salgan a la luz los números oficiales de los primeros meses de 2026.