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Crisis hídrica

San Juan en llamas: el agua escasea y la bronca crece entre los productores

Con un río San Juan que no da tregua y niveles bajísimos, se desata una pelea sin cuartel por el agua. El Gobierno y los viñateros tiran cada uno para su lado mientras la población sufre las consecuencias de un sistema al borde del colapso.

San Juan en llamas: el agua escasea y la bronca crece entre los productores

San Juan está viviendo un año que ni en las peores sequías. El río San Juan entrega apenas unos 570 hectómetros cúbicos de agua, cuando el esquema productivo necesita mucho más para no saltar por los aires. En pleno verano, el caudal apenas llegó a 308 hectómetros cúbicos, una cifra que puso en jaque todo el sistema y obligó a usar las reservas escondidas en los diques.

El Gobierno provincial tiró una propuesta de 633 hectómetros cúbicos para riego, pero los productores viñateros fulminaron esa cifra y exigen nada menos que 700 hectómetros cúbicos. Ni siquiera la cifra intermedia de 650 fue aceptada y la bronca se fue calentando al rojo vivo. Esto no es cualquier discusión técnica: con menos agua que antes, mantener el riego antiguo puede dejar en jaque la seguridad del sistema.

El Ministro de Agricultura, Miguel Moreno, explicó que la merma viene por procesos naturales en la cordillera, donde la nieve que alimenta al río se evaporó más de la cuenta. Pero estas explicaciones no bajaron la olla entre los viñateros, que salieron a la calle a hacerse escuchar.

Para peor, la pelea escaló y tuvo su episodio judicial cuando el consejero regante Nicolás Yanzón, acompañado de su abogado, pidió explicaciones sobre la gestión y los números que maneja el Departamento de Hidráulica. Detrás de esto asoman diferencias internas y hasta cuestiones políticas que entreveran el debate.

Un dato que calienta aún más el fuego es que otro consejero, Maximiliano Delgado, que fue director de Hidráulica, dejó correr agua a lo loco en los diques poniendo en riesgo la seguridad operativa. La polémica está servida, y alrededor de 100 regantes se juntaron para exigir su cuota de 700 hectómetros cúbicos, sin dar el brazo a torcer.

Todo esto sucede mientras el sistema pierde agua como si fuera un colador: en los canales principales, casi el 45% se esfuma por evaporación o infiltración, y en los canales menores, que suman casi 1.600 kilómetros, apenas entre 15% y 20% del agua que se libera llega a los cultivos. O sea que de cada 10 litros que salen del dique, apenas 2 llegan a las plantas, una locura.

La gestión no escapa a las críticas. Muchos sectores chicos, como los hortícolas y semilleros, denuncian que las juntas de riego, lideradas por los viñateros, priorizan su cuota de agua. En la reunión del Consejo de Hidráulica del 3 de marzo se escucharon acusaciones picantes contra el sector vitivinícola, que a pesar de su pedido de más agua sigue usando métodos antiguos como el riego por inundación, que consume como si no hubiera un mañana.

Mientras algunos poquísimos productores apuestan a riego más eficiente, como los pistacheros o olivícolas, que llegaron a un rendimiento hídrico del 90%, la mayoría sigue anclada en prácticas que gastan agua sin control.

Para colmo, sólo el 20% de los regantes pagan el canon hídrico, lo que deja a las arcas vacías para invertir en mejoras y castiga a toda la provincia. El Estado provincial termina poniendo la boca para arreglar los desmanes, pero sin un cambio de fondo, esto puede empeorar.

Este tira y afloja también pone en jaque la seguridad de los diques, que pueden quedar por debajo de niveles críticos, y amenaza con complicar el abastecimiento de agua potable por mayor turbiedad. El modelo productivo está en una encrucijada: sin un cambio serio en tecnología e inversión, la crisis del agua dejará de ser emergencia para volverse pan de cada día.

San Juan necesita urgente replantear cómo usa y reparte cada gota, porque el futuro depende de no seguir tensando la cuerda. El tiempo apremia y las grietas son cada vez más profundas en esta pelea por el agua que golpea a todos.

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