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Incomunicados

Casas Viejas sin clases: los maestros no llegan por el abandono del camino

En el paraje Casas Viejas, el mal estado de la huella obliga a los docentes a bajarse de la escuela y deja a los pibes sin clases, acentuando el aislamiento de la zona.

Casas Viejas sin clases: los maestros no llegan por el abandono del camino

En el alejado paraje Casas Viejas, a unos 30 kilómetros de Bermejo, el primer día de clases no mostró ni un solo guardapolvo ni mochila. ¿La razón? Los docentes no pueden llegar a la escuela porque la huella donde se arriesgan quedó hecha un desastre.

Este camino que une el paraje con la ruta está hecho pelota: sin enripiado completo, está lleno de zonas anegadas y surcos tan profundos que se vuelve imposible de cruzar, sobre todo después de las lluvias. Desde hace años, las ocho familias que viven ahí lidian con esta cruda realidad que hoy pone en jaque la educación de los pibes.

"Está tan mal la huella que los maestros no quieren entrar", contó Ana Saavedra, vecina de la comunidad, clavándole la ficha al problema que deja a los gurises sin escuela.

La escuela República Argentina, anexo Casas Viejas, es el único lugar donde los chicos podían aprender, pero hoy está casi vacía. Los docentes que vienen desde otros lados deben atravesar un camino de pesadilla: sus autos quedan atrapados en el barro y la única salida para cuidarse es no arriesgarse a entrar.

El resultado: chicos sin clases, contenidos que se pierden y un ciclo lectivo que arranca con la continuidad pedagógica cortada de cuajo.

Este panorama refleja el abandono total al que está sometida la zona. La falta de infraestructura básica, una huella que nunca terminó de arreglarse, termina por decidir quién puede acceder a un derecho tan elemental como la educación. La bronca y la impotencia se sienten en cada familia. "Así es muy difícil vivir acá. Cada vez se hace más complicado", resumió Ana Saavedra, con una tristeza que habla del desgaste de toda una comunidad que viene reclamando soluciones hace rato.

El pedido para terminar el enripiado del camino no es nuevo, pero las respuestas brillan por su ausencia. Con cada lluvia, la situación empeora y el aislamiento se profundiza. Hoy, el problema es la escuela, pero sin caminos en condiciones tampoco hay garantías para la salud, el laburo ni la vida de todos los días.

En Casas Viejas, el ciclo lectivo arrancó con una verdad tan cruda como el barro: sin camino, no hay escuela. Y sin respuestas, el futuro de los chicos sigue detenido una vez más.

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