Morgan Stanley apuesta a la minera como próximo boom exportador argentino
El banco proyecta que gracias a las reformas y al nuevo régimen de inversiones, la minería podría disparar sus exportaciones hasta casi 40 mil millones de dólares en 2035, con el cobre tomando la posta principal.
En el último reporte titulado "Malbec & Minerals", Morgan Stanley pinta un panorama alentador para nuestro país: la minería podría estar por arrancar un ciclo que cambie la historia exportadora de Argentina, rejuveneciendo su perfil financiero y haciendo ruido en las bolsas en la próxima década.
El combo ganador según el banco tiene dos ingredientes principales: las reformas macroeconómicas asociadas a la llegada de Javier Milei en diciembre de 2023 y la puesta en marcha del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que baja el riesgo que los inversores temían para proyectos que largan a 20 o 30 años.
Desde esa fecha, se sucedieron medidas destinadas a ordenar la economía, desde la devaluación inicial del tipo de cambio hasta la reducción del déficit fiscal y la recomposición de las reservas del Banco Central. Para el banco esto no es un detalle: sin estabilidad económica no hay fiabilidad para que los capitales se animen a invertir en grande.
El RIGI, aprobado dentro de la ley conocida como "Bases", promete estabilidad tributaria por tres décadas, beneficios impositivos y un marco cambiario más previsible para emprendimientos por encima de los 200 millones de dólares. El paralelismo que se hace con Chile en los 80 y 90 es clarito: primero se afianza la confianza macro y luego llegan las reglas claras para que las empresas se quede sin miedo a sorpresas regulatorias o expropiaciones.
El informe detectó más de 50 proyectos mineros que ya pasaron la etapa de exploración, principalmente de cobre y litio, además de oro y plata, con potencial para atraer más de 50.000 millones de dólares durante la próxima década. Si estos planes aterrizan, las exportaciones mineras podrían saltar de unos 5.000 millones en 2025 a casi 40.000 millones en 2035, con el cobre llevando la delantera.
Actualmente nuestra presencia en el cobre es casi simbólica, pero el informe prevé una producción con fuerza, cercana a 1,2 millones de toneladas anuales para mitad de la próxima década. En un país acostumbrado a la incertidumbre agro y las crisis externas, esta diversificación de ingresos podría ser un alivio significativo para las finanzas y el tipo de cambio.
Mientras tanto, el litio se lleva los aplausos en el corto plazo: Argentina, parte del "Triángulo del Litio", aporta cerca del 8% del mercado mundial. Las proyecciones indican que la producción podría más que duplicarse para 2030, con un ritmo impresionante de crecimiento promedio anual del 30% entre 2026 y 2028. A diferencia del cobre, el litio ofrece una ventaja clave: tiempos de desarrollo más cortos y la posibilidad de ampliar la capacidad de forma modular. Varias empresas líderes como Rio Tinto, Ganfeng Lithium y Zijin Mining ya planean aumentos significativos para fin de década.
Pero el ímpetu estructural apunta al cobre, con ocho proyectos claves que podrían atraer casi 44.000 millones de inversión y generar exportaciones de 26.000 millones anuales. Resaltan el proyecto Vicuña, un emprendimiento conjunto entre Lundin Mining y BHP que tiene potencial para competir entre las cinco minas más grandes del mundo. También brillan Taca Taca y varios proyectos de Glencore. Incluso con una estimación conservadora de precios, estas inversiones muestran atractivos retornos de doble dígito, y si se consideran los valores actuales, la valoración de las compañías involucradas podría aumentar de manera significativa.
A nivel mundial, aunque Argentina aumentara su producción, el déficit de cobre para 2030 seguirá ahí, sosteniendo el precio en alza. Además, la etapa de construcción traerá un boom de empleo en obras, servicios y logística, generando decenas de miles de puestos de trabajo, y consolidando un mercado laboral minero más robusto durante la fase operativa.
Claro que no todo es color de rosas: caídas repentinas en los precios o cambios políticos pueden enfriar las inversiones. El banco destaca que la continuidad del marco normativo y la aprobación de reformas claves determinarán mucho el futuro del sector, recordando la experiencia chilena donde el marco estable fue fundamental para atraer fondos a largo plazo.
En la cuenta final, esta explosión minera podría ser el puente que Argentina necesita para salir de la volátil montaña rusa económica y entrar en una senda de crecimiento constante. El banco mantiene una visión optimista sobre los bonos en dólares argentinos, confiando en que mayores ingresos genuinos de divisas reduzcan la dependencia de financiamiento efímero.
En definitiva, la minería se presenta como la esperanza para transformar un gigante geológico en una oportunidad concreta que sacuda y renueve la economía argentina. ¡Ojo que el futuro parece estar bajo tierra!