San Juan tocó el cielo con una estatua de 318 kilos que honra el paso sanmartiniano por Los Patos
Dos valientes argentinos desafiaron el viento y la altura para dejar su huella en la cordillera, señalando el paso exacto donde el general San Martín cruzó en 1817.
En San Juan, la cordillera no es solo un paisaje, es memoria viva, un recuerdo palpable del histórico paso del Ejército de los Andes y del aguante de un pueblo que aprendió a mirar sus montañas con respeto y orgullo. Por el mítico Paso de Los Patos, allá por 1817, el general José de San Martín cruzó con sus valientes, más de 3.000 hombres que enfrentaron el hielo, la piedra y el viento para escribir una de las páginas más gloriosas de nuestra historia.
Más de dos siglos después, esa senda volvió a latir con fuerza gracias a la pasión de Juan Anriquez y Fabián Iribas, quienes decidieron que ese rincón a 4.350 metros merecía mucho más que el silencio del viento. Crearon una imponente estructura de hierro macizo, que pesa nada menos que 318 kilos, pensada como un faro en pleno corazón de los Andes sanjuaninos.
La aventura no fue cualquier cosa: 30 mulas, un equipo de 15 personas y nueve días de pura travesía. Porque la montaña, acá, no se negocia, se respeta con alma y vida. Cada pieza —algunas de hasta dos metros— fue subida y armada allá arriba, bajo un cielo que parece tocar las manos y un aire que apenas alcanza para tomar un respiro. «Era un rompecabezas llevarla hasta allá. Usamos las mismas herramientas que utilizó San Martín: mulas y voluntad», contó Iribas, guía de alta montaña y ex militar, con la emoción aún pegadita al pecho.
Anriquez, con 72 años y toda la energía del mundo, expresó qué lo movió a semejante desafío: «Cuando pasé por el límite y vi los restos destruidos de antiguos homenajes, sentí que San Martín merecía algo a la altura de su gesta. Esto es devolverle a la montaña un poco de lo que nos dio como nación».
El 26 de febrero, a la 1.15 de la tarde, la estructura quedó firme en su lugar santificado. Tres horas trepando, armando y luchando contra un viento que parecía querer llevárselos, y una altitud que exigía cada bocanada de aire. «La instalamos todos», confesó Anriquez, emocionado. Como hace más de 200 años, el espíritu colectivo y la pasión pudieron más que el cansancio y la adversidad.
Hoy, el Paso de Los Patos tiene un nuevo símbolo: no es solo hierro y madera; es la señal clara que marca donde el Libertador pisó fuerte y nos recuerda que fue esta tierra la que vio avanzar al ejército que cambió el destino de América. Porque en San Juan, aquello no es solo historia, es presente, es ese cruce que late vivo en cada alma que se anima a desafiar la montaña.