Familiares de los acusados de la megaestafa en Brankamotors se mofan y amenazan a las víctimas
Mientras la justicia avanza sobre los tres detenidos por estafar a más de 300 personas por más de 510 millones de pesos, los allegados no solo se ríen sino que también lanzan amenazas y burlas contra quienes perdieron todo en la trama.
En pleno mediodía del martes, tras una pausa el lunes, la justicia lanzó la imputación formal contra los tres jóvenes señalados como cabeza de la megaestafa de Brankamotors, la concesionaria trucha que dejó a 348 sanjuaninos colgados sin las motos que habían pagado.
Los acusados son los hermanos Alexis Javier Marcó y Jonathan David Marcó, junto a Facundo Agustín Banega Suvire, quienes manejaban la maraña comercial detrás de la estafa. Alexis fue atrapado en su casa del barrio Cordillera de los Andes en Santa Lucía, Jonathan en el barrio Los Andes de Chimbas, y Facundo, que había quedado como ausente, terminó entregándose en la comisaría 27ª de Rivadavia tras un pedido nacional.
Afuera de Tribunales sobre calle Rivadavia, un grupo de damnificados volvió a reunirse con el mismo reclamo quemante. Emanuel Bravo dejó picante la cuestión: "Estamos a la expectativa, ojalá la jueza y fiscal ya hayan resuelto algo firme para nosotros".
"No alcanza con que sigan presos, se cagan en la gente. Queremos la plata de vuelta, toda, sin cuotas ni vueltas", reclamó Bravo, poniéndose la voz de los damnificados.
Pero lo que incendió aún más el ánimo fue que varios allegados a los imputados aparecieron en las redes, no para pedir perdón, sino para defenderlos con insultos y amenazas a los perjudicados. Entre los nombres que salieron a bardear están Axel Villegas, Dayana Villegas y un tal Benega.
"A esta gente le pedimos que dejen de tirar mala onda a las víctimas, son familiares de los acusados", chusmearon los manifestantes. "En vez de bardear, salgan a laburar y ayuden a pagarle a los que están luchando por que nos devuelvan la guita", insistió Bravo, fustigando la indiferencia y soberbia de los allegados.
En los chats que mostraron circulan burlas hirientes, amenazas veladas y promesas vacías de pago. "Nos indigna, y encima usan las redes para decirnos que salgamos a trabajar. Laburamos todos los días para pagarlo, no es joda", concluyó Bravo, deprimido y caliente por la situación que atraviesan los estafados.