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Nuevas formas

¡Al palo! El comercio electrónico creció más del 60% en 2025 y se afianza como el faro que ilumina en la incertidumbre del consumo

Mientras el bolsillo aprieta y el consumo se achica, el comercio online no para de crecer y empuja a las marcas sanjuaninas a repensar su jugada.

¡Al palo! El comercio electrónico creció más del 60% en 2025 y se afianza como el faro que ilumina en la incertidumbre del consumo

En un 2025 donde la economía parecía ir de paracaídas y los sueldos no daban abasto para cubrir los gastos, el comercio electrónico volvió a sorprender a todos con una levantada tremenda. No tuvo miedo ni al estancamiento ni a la baja del gasto y terminó con un salto gigante que abre un abanico de oportunidades, sobre todo para emprendedores y marcas que quieren meterle un empujón a sus ventas.

Según datos fresquitos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) y un informe exclusivo armado por Tiendanube —una de las plataformas más grosas de e-commerce en el país y en la región—, la facturación de este sector arrojó un crecimiento interanual de más del 60% en 2025. Y las unidades vendidas no se quedaron atrás, saltaron más de un 28%, mientras que el ticket promedio trepó hasta los $143.128, subiendo un 55% respecto al año anterior. ¡Un montón!

Por su parte, dentro del mundo Tiendanube, las ventas aumentaron un 30% y los productos comercializados un 57%, con un ticket que quedó en $90.396, casi al ritmo de la inflación. Nada de que todo fue por inflación: hubo más volumen de ventas en serio. Hoy el 18% del retail argentino es digital, casi el doble de la media regional, lo que deja a nuestro país como uno de los más digitalizados de América Latina.

¿Y qué pasa con el consumidor? Cambió la jugada. Aparecieron Shein y Temu rompiendo precios y haciendo más dura la competencia para los locales. Estas dos plataformas ganaron terreno capturando hasta un 10% del mercado, y cuatro de cada diez argentinos compraron algo importado directo durante el año. Esto apretó los márgenes, especialmente en ropa, y obligó a las marcas criollas a chambear más: sumar más formas de pago, ofrecer cuotas, entregar más rápido, cuidar la postventa y reforzar la relación con el cliente.

Los compradores se pusieron más cautos: no compran más seguido, pero arman carritos más grandes para aprovechar envíos y promociones. Menos apuro, más cálculo a la hora de gastar.

Los rubros que más crecieron fueron los que siempre tiran: Electrónica con subas de hasta el 87%, Alimentos y bebidas, Hogar y Deco, Librería, gráfica, arte y educación, y Belleza y bienestar. Todo eso en un año donde la economía se movió a paso de tortuga.

En cuanto a medios de pago, la tradicional tarjeta de crédito sigue siendo la favorita con un 48,8%, aunque bajó más de seis puntos. Las transferencias bancarias pisan fuerte y ya explican una de cada cuatro ventas. Las billeteras virtuales tampoco se quedan afuera y representan el 9,5% de las operaciones. La clave sigue siendo ofrecer cuotas y beneficios al instante para captar la plata fresca.

Aunque las importaciones avanzan, el 61% de las marcas se mantiene bien arraigado al país: un 30% fabrica acá y un 31,1% trabaja con proveedores nacionales. Sólo un 9,8% importa todo su catálogo, y están surgiendo modelos híbridos que combinan producción local con reventa para poder ampliar la oferta sin tener que fabricar todo.

De cara al 2026, el gran desafío es atraer clientes. La pelea por generar tráfico hacia las tiendas, ya sea orgánico o por publicidad paga, es el dolor de cabeza número uno para pymes y grandes etiquetas. A eso se suman las restricciones financieras, el retorno jugado de la inversión, la necesidad de achicar gastos y el tiempo que demanda mantener el negocio.

Con márgenes cada vez más ajustados y un entorno que se pone bravo, invertir en captación y visibilidad ya no es un lujo, sino una cuestió de vida o muerte para quienes quieran seguir en carrera. Con una base digital grande y consumidores conectados, el e-commerce asoma como la forma más viva y eficiente de hacer comercio. Pero ojo, que no todos vienen del mismo lado: la actividad comercial general bajó 1,3% en 2025, y los salarios no le ganaron a la inflación, dejando a la gente con menos plata real para gastar.

En este panorama, la cosa no es solo facturar más. La movida está en ser más eficientes, cuidar los costos, convertir mejor las visitas en compras y consolidar a los clientes que ya están. En este mercado más competitivo y selectivo, sobrevivir y destacarse va a depender de poder juntar volumen con una renta que aguante el desgaste.

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