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Historias

Axel Varela y el gol que retumbó en el alma: la historia del pibe que rompió el silencio en Unión de Villa Krause

Con 23 años y siendo sordo, Axel gritó su primer gol en Primera con Unión de Villa Krause, un festejo cargado de emociones, lucha y el legado de su viejo. Una historia de corazón y resistencia.

Axel Varela y el gol que retumbó en el alma: la historia del pibe que rompió el silencio en Unión de Villa Krause

Hay goles que valen tres puntos nomás, y otros que llevan el peso de toda una vida. El domingo, cuando Axel Varela rompió la red para darle la victoria por 3 a 2 a Unión de Villa Krause frente a Peñarol, no se midió en el marcador, sino en un torrente de lágrimas contenidas y abrazos apretados que atravesaron el tiempo y la memoria.

A sus 23 años, siendo sordo, Axel nunca permitió que el silencio le cerrara puertas. Arrancó a patear la pelota desde los 4 años en la escuelita de Unión, y la pelota fue su lenguaje más claro. Pasó por clubes como Trinidad, Cabral y San Damián, donde debutó en Primera con solo 15 años, enfrentando gigantes con la valentía que lo caracteriza.

Las piedras en el camino no faltaron. Por su sordera, muchas veces dudaron de él, desconfiaron y casi le niegan la chance. Pero nunca estuvo solo. Su mamá, Noelia González, fue su pilar indestructible. Y su papá, Fernando, su faro y el alma de este sueño futbolero. Fernando, aquel delantero que en su juventud soñó con jugar en Lanús, pero no pudo viajar por falta de recursos, encontró en Axel la continuación de esa esperanza aplazada.

Cinco años atrás, Fernando se fue de este mundo, pero nunca se alejó de la cancha ni del corazón de su hijo. "Me acompañó desde mis 4 años, desde el primer día", rememora Axel con emoción. Y ese domingo, cuando la pelota acarició la red en el estadio 12 de Octubre, ese gol fue también para su viejo, un hombre que entendía bien la lucha contra las miradas ajenas.

Además de su recorrido en los clubes de San Juan, a los 17 años Axel fue convocado a la Selección Argentina de Fútbol Silencioso, representando al país en dos Sordolimpiadas y un Mundial en Corea del Sur. Allí dejó claro que los verdaderos límites muchas veces están en la cabeza de los demás, no en las habilidades de cada uno.

Jugador disciplinado y de alto rendimiento, Axel arma jugadas junto al equipo, lee labios y se comunica con lengua de señas con naturalidad. En su mundo, el silencio es concentración pura.

Hoy, Axel vive en el barrio Buenaventura Luna en Rawson, rodeado del cariño de su mamá Noelia, su hermano Braian, su hermana Martina y toda la familia que acompaña sus pasos como una hazaña colectiva. Su vuelta al Azul de Villa Krause fue un reencuentro cálido: "Me recibieron muy bien. Encontré un gran equipo, excelentes compañeros y un cuerpo técnico que me hicieron sentir cómodo desde el primer instante", cuenta.

El partido del domingo no fue nada fácil. Un duelo cerrado, de esos que se ganan con garra y corazón. Y justo entonces llegó la magia: la jugada de Barahona, el pase preciso a la derecha para Aciar, que habilitó a Axel para definir con categoría. La red se movió, y Axel gritó con el alma. Fue un grito para su familia, para cada puerta que quiso cerrarle, para cada entrenamiento en absoluto silencio, para cada vez que dudaron de él.

Ese gol no fue solo suyo, como bien dice Axel. Fue del equipo, de la familia, del barrio, de todos los que alguna vez sintieron que el mundo les hablaba de espaldas. Con su regreso a Unión, volvió una historia que demuestra que el verdadero sonido del fútbol no siempre pasa por los oídos, sino que nace en el corazón. Y cuando eso sucede, ningún estadio alcanza para contenerlo. Esto recién empieza, y Axel ya demostró que va por más.

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