Europa quiere poner en marcha YA el acuerdo con el Mercosur
Los capos europeos mostraron ganas de hacer valer el pacto con Sudamérica apenas uno de los países del bloque ponga el gancho legal, pero hay más de una voz disonante que pone freno por el tema agropecuario.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no se anda con vueltas y confesó que varios líderes del Viejo Continente tienen un "claro interés" en apurar la aplicación del acuerdo comercial con el Mercosur. El sueño de vender más vinos, maquinaria y autos a nuestra tierra y el ingreso de carne, soja y otros productos sudamericanos al mercado europeo sigue en pie, aunque se cruzan algunos miedos y burocracias que demoran el desenlace final.
El asunto se complicó cuando el Parlamento Europeo decidió enviar una consulta al Tribunal de Justicia de la UE para chequear la legalidad del tratado, frenando la ratificación por un año y medio. Pero ojo, la Comisión Europea igual se guarda la chance de arrancar con el pacto de manera provisional, apenas uno de los países del Mercosur firme oficialmente.
Von der Leyen remarcó que "estaremos listos cuando ellos lo estén", mostrando que la pelota está del lado sudamericano. Por otro lado, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, marcó la cancha y dijo que la mayoría de los países europeos bancan que se ponga en marcha ya.
Pero no todo es color de rosas. Países como Francia exhiben cierto recelo, temiendo por el impacto en sus chacras y huertas tradicionales. La portavoz francesa, Maud Bregeon, disparó que imponer el pacto de manera provisional podría ser "una forma de violación democrática". Así las cosas, el equilibrio entre intereses económicos y soberanía agrícola quedó en el centro del debate.
El acuerdo, firmado hace poco en un histórico teatro de Paraguay, promete abrir puertas comerciales tanto a Europa como a Sudamérica, pero las dudas sobre controles y normas no dan tregua. Lo cierto es que el reloj sigue corriendo y las ganas trasatlánticas de este trato están a flor de piel, aunque la batahola judicial y las tensiones internas europeas marcan el ritmo.