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Unión de Villa Krause

Luciano Riveros: El héroe del Pueblo Azul que convirtió el dolor en goles y la ilusión en bandera

Entre lágrimas, cabezazos y un aguante de otro planeta, el Negro Tecla llevó a Unión sobre sus hombros para hacer latir fuerte al Pueblo Azul en busca del ansiado sueño.

Luciano Riveros: El héroe del Pueblo Azul que convirtió el dolor en goles y la ilusión en bandera

Dicen que los apodos nunca fallan y a Luciano Riveros le sobran: el Negro, el Tecla, la Bestia... Es el alma ofensiva del equipo, el pibe de La Bebida, el hijo del Coto que no se achica nunca y siempre responde cuando Unión lo necesita.

Los flashes, los micrófonos y las cámaras van detrás suyo después de cada partido, aunque a veces él se pierde esa fiesta con la hinchada porque ya sabe que la tarea está cumplida. Su desempeño en 2025 fue una locura: metió 25 goles sólo contando el torneo oficial, sin fichar los que clavó en el Regional Amateur. Apareció cuando más quemaba, como en la serie contra General Belgrano, con tres pepas en Villa Krause y uno en Sarmiento. Frente a Peñaflor, cuando el partido pedía un salvador, puso el empate y cerró la clasificación. Y ni hablar contra FADEP, donde arrancó el encuentro con un gol que validó la confianza del equipo.

"Sabíamos que iba a ser durísimo por la calidad del plantel que tienen ellos, pero el Bebo me puso una pelota maravillosa y quedé frente al arquero. Se me abrió un poco la pelota y le pegué mordida, entró despacio y por suerte el defensor de ellos se resbaló cuando iba a cerrar", contó el propio Luciano después del ensayo semanal.

El partido de ida de la cuarta ronda terminó 2 a 1 en favor de Unión y con dos golazos del Negro. Ahora se preparan para la revancha, que será el sábado a las 17 en el predio de FADEP en Maipú, sin hinchas visitantes por orden policial en Mendoza.

Su segundo gol en ese partido tuvo más que técnica; tuvo mística. "Me pegaron abajo, me dolía un montón y se me acalambraron los gemelos. Tenía la pierna dura y no me podía mover. El Tutu (masajista) me dijo que pida el cambio, pero se me caían las lágrimas por el dolor. Me masajeó bien el gemelo y me pude parar. Por suerte el árbitro no me hizo salir y fui como pude a buscar el centro", recordó con pausa.

Ese gol llegó cuando a Unión le habían empatado hacía apenas 8 minutos y la presión estaba a full. Tiempo para la lágrima y para el aguante. "Yo miraba al Bebo y le pedía la pelota. No sé si me vio, pero la puso perfecta justo donde tenía que estar. El defensor me soltó un instante, le gané y salió justo para el cabezazo. Ahí se me corrieron las lágrimas, porque pude haber salido y Dios me puso justo allí", contó emocionado el Luchi.

Por supuesto, su futuro atraviesa otras ligas: su pase pertenece a San Martín y cuando termine el Regional Amateur deberá volver al Verdinegro. Pero si Unión avanza a la final por el ascenso, aún tiene un mes más por delante.

"Todos queremos dar el salto de calidad en lo deportivo, en la categoría y en lo económico. En Unión me han tratado de maravillas y quiero devolver ese cariño de la gente con lo que ellos esperan y desean. Ese es mi objetivo y voy a morir con eso porque se lo merecen."

Con mate en mano, gracias a Sergio Zárate, el utilero que le preparó la infusión para el cierre del entrenamiento, el goleador se relaja y sonríe: "El viernes fue increíble ver la cancha llena y recibir el reconocimiento cuando me tocó salir. La verdad no quería salir, pero estuvo bueno sentir el cariño de la gente".

Unión tiene a su campeón y si llegó hasta acá, mucho es gracias a Luciano Riveros: la carta más fuerte y la esperanza intacta del Pueblo Azul para volver al Federal A.

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