Milei se sube al tren de Trump y será fundador del Board of Peace para pacificar Gaza
Javier Milei confirmó que aceptó la invitación de Donald Trump para unirse a la flamante organización global dedicada a resolver conflictos y poner paños fríos en la Franja de Gaza, posicionando a Argentina como un actor clave en la escena mundial.
El presidente Javier Milei anunció este sábado que nuestro país formará parte del Board of Peace (Junta de la Paz), ese nuevo engendro internacional que acaba de armar Donald Trump. La idea es clara y pegada a la coyuntura: montarse en una plataforma para tratar de ponerle el cascabel al gato, con prioridad en la caldeada Franja de Gaza.
Por las redes, Milei no se anduvo con vueltas y contó que la invitación fue un "honor", dejando en claro que Argentina será miembro fundador de esta movida global. En su cuenta de la red X, el presidente fue contundente: "Argentina siempre estará del lado de los países que luchan de frente contra el terrorismo, que defienden la vida y la propiedad, y que promueven la paz y la libertad".
¿Qué se trae entre manos este nuevo organismo? Según explicó el jefe de Estado, la nave es impulsada por Trump con un propósito firme: generar una paz duradera en las zonas de guerra que se sienten hace rato. La inclusión de nuestro país en este grupo selecto reafirma la apuesta clara de Milei a alinearse con la política de seguridad y exterior norteamericana.
El primer objetivo que tienen sobre la mesa es justamente darle un alivio a Medio Oriente, intentando enfriar años de conflictos que llevan mucho más de lo que quisieran. Además, el Board servirá de espacio para que las naciones que están a muerte contra el terrorismo internacional puedan coordinarse. Por otro lado, apuntan a usar vías diplomáticas más directas, evitando trámites lentos de organismos como la ONU, para acelerar acuerdos de paz.
Con esta movida, Argentina se planta como el socio principal de la era Trump en el hemisferio sur, asumiendo una responsabilidad global que va más allá de lo regional. Este paso marca un corte brusco con la histórica política de neutralidad o de ser mediadores multilaterales, y nos mete de lleno en una diplomacia bien activa, del lado de las potencias occidentales en los conflictos más calientes del siglo XXI.