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Economía y finanzas

El Gobierno estira la cuerda y paga más caro por la deuda en pesos

Aunque logró renovar casi toda la deuda en pesos, el Estado acepta tasas más altas que encarecen el crédito y complican a pymes y familias. El resultado, una economía más ajustada y riesgos a futuro.

El Gobierno estira la cuerda y paga más caro por la deuda en pesos

El Gobierno argentino logró una jugada técnica llamativa: renovar el 98% de la deuda en pesos, ese tremendo monto de $9.600.000.000.000 que estaba por vencer. Sin embargo, como siempre, la historia tiene sus vueltas; para conseguir ese sí rotundo de los acreedores, hubo que aceptar pagar tasas más altas. En pocas palabras, convencieron a los que ponen la plata de seguir prestando, dispuesto a pagar una "torta" mayor.

Pero ojo, que esta movida no es un milagro. Cuando el Estado acepta tasas jugosas, se convierte en el cliente preferido del mundo financiero. Los bancos y fondos al toque prefieren soltar la guita al Tesoro, que garantiza el cobro, antes que ayudar a las pymes o a las familias del común. La consecuencia directa es un crédito más caro o hasta inexistente para quienes realmente impulsan la economía: las pequeñas y medianas empresas. Así, el consumo se resiente y la inversión se esfuma.

En criollo, el Estado se lleva toda la frazada y deja a la economía privada con frío. Aunque no hay billetes frescos inundando las calles ahora, la presión inflacionaria sigue ahí, y las tasas altas son una respuesta que termina siendo como una rueda que no para de girar: alta inflación pide tasas altas, estas frenan la actividad y eso genera más problemas económicos como recesión y desempleo. Hoy no hay emisión de más dinero, pero la cuenta se acumula y, más temprano que tarde, alguien tendrá que poner la plata para ese costo.

Desde las arcas públicas, la situación también tiene su lado amargo disfrazado de alivio: renovar casi toda la deuda evita un problema urgente y le da aire al Gobierno a corto plazo, pero no soluciona la raíz del asunto. La deuda sigue intacta y encima con intereses más altos, lo que come cada vez más parte del presupuesto y deja menos margen para obras y servicios. En resumen, se ganó tiempo, sí, pero a un precio que cada vez pesa más.

En cuanto a la emisión, el Ejecutivo puede decir que no tuvo que apretar la "maquinita" para cubrir estos vencimientos por ahora, pero pagar tasas abultadas es también una forma de presión fiscal y monetaria aplazada: si después no aparecen recursos genuinos para pagar esos intereses, la emisión o el ajuste vuelven a la mesa. No hay magia, solo patear el problema para más adelante.

Esos pesos que ahora mueven la pelotita no desaparecen, están dando vueltas en el sistema, listos para saltar al dólar u otros refugios si la confianza flaquea. Es la historia que San Juan y el país conocen bien: primero deuda, después cobertura y enseguida el combo de presión cambiaria. Así que, aunque la licitación parezca exitosa en lo técnico y lo comunicacional, en la práctica salió costosa. Se evitó un susto de corto plazo y se sacaron pesos del mercado, pero a costa de hundir más a la economía real y dejar cuentas públicas cada vez más ajustadas.

Del 98% renovado se puede festejar poco. Más bien se parece a ese momento en que te refinancian la tarjeta de crédito justo después de subirte la tasa: un alivio momentáneo, pero con comisión alta y una deuda que no se va. Así andamos, a la espera de ver quién termina pagando esta ficha caliente.

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