Las provincias bancaron la caída de la presión tributaria durante la era Milei
En los primeros dos años del Gobierno de Javier Milei, el principal sacrificio fiscal para achicar la presión impositiva lo pusieron las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. La Nación prácticamente se hizo la distraída.
Durante el arranque del mandato del presidente Javier Milei, la mermita en la presión tributaria nacional cayó principalmente sobre las espaldas de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según relevaron desde el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en estos dos años la presión fiscal sobre el Producto Bruto Interno bajó 0,8 puntos porcentuales, un combo de caída en la recaudación y el crecimiento económico medido con la metodología del INDEC.
El informe refleja con pelos y señales que el aporte del Gobierno nacional representó solo el 8% de esa reducción, mientras que las provincias se clavaron el 92%. Para tener en claro, en 2023 la presión tributaria andaba por el 22,4% del PBI (14,9% Nación y 7,5% provincias); en 2024 subió a 22,5% (15,3% y 7,2%) y para 2025 se estima que bajará a 21,4% (14,4% y 7% respectivamente).
El dato particular para 2024 fue que, aunque la Nación logró agarrar más plata por el Impuesto PAIS y la suba de derechos de exportación, esto vino acompañado con menos transferencias para las provincias. Esto último pegó fuerte porque las reformas del Impuesto a las Ganancias y la gestión del IVA hicieron que las jurisdicciones locales se quedaran sin parte importante de la billetera.
Ya para 2025, la balanza se volteó: la Nación perdería recursos mientras las provincias, algo más recuperadas, mejorarían su caja. Así, entre el 2023 y el 2025, la presión fiscal acumuló una baja de 0,8 puntos porcentuales, siendo las provincias las que pusieron casi todo el esfuerzo para aliviar la mordida impositiva.
Cuando el IARAF desglosa el reparto del esfuerzo, muestra que en 2024 la recaudación de la Nación aumentó 0,4 puntos pero luego en 2025 cayó 0,46, cerrando casi igual que en 2023. Por su parte, las provincias hostigadas perdieron 0,24 puntos en el primer año y 0,49 en el segundo, acumulando así una caída de 0,73 puntos en su presión tributaria. Todo un panorama donde los bonaerenses, sanjuaninos y demás distritos quedaron bancando el mayor trago amargo en esta movida fiscal del Gobierno.