El Papa León XIV cerró el 2025 con emoción y un llamado a la paz mundial
En la Plaza de San Pedro, miles bancaron el frío para escuchar al pontífice que hizo un fuerte repaso del año marcado por la guerra y la memoria de Francisco.
Este 31 de diciembre, en la última audiencia general del año, el papa León XIV se plantó firme frente a una plaza repleta y helada en San Pedro. Con una voz cargada de sentimiento, repasó un 2025 marcado por bombas y lágrimas, pero también por la fe inquebrantable de la gente.
El pontífice llamó a hacer un "honesto examen de conciencia" para mirar de frente lo vivido estos doce meses, que definió como "devastadores" por los conflictos que siguen barriendo a este mundo. Pero en medio de la tormenta, hubo un momento para la nostalgia: recordó con cariño y dolor la partida en abril del "añorado" Francisco, el papa que le abrió la puerta a un Año Santo lleno de esperanza y peregrinos que caminaron con fe.
Con lágrimas contenidas, destacó que, a pesar de la pérdida, la llama que encendió su predecesor sigue viva en cada rincón del planeta. No se guardó nada y denunció los "escenarios de guerra" que continúan destrozando vidas, dejando un gesto muy humano al saludar personalmente a 35 jóvenes palestinos que llegaron a Roma para sumarse al Jubileo.
En medio del frío romano, el papa resaltó que el Año Santo juntó a millones buscando perdón y renovación personal. Remarcó que la vida es un viaje con un destino que va más allá del tiempo y el espacio, algo que nos invita a reflexionar sobre lo que realmente importa.
Para cerrar el año espiritual, anunció que el 6 de enero encabezará el cierre oficial del Jubileo, un momento esperado por todos los fieles. Y en el final de su mensaje, con esa calidez que sólo un líder espiritual sabe transmitir, invitó a valorar los dones recibidos y a pedir perdón por no haber sabido usar los talentos con que fuimos bendecidos: "Al concluir el año, la Iglesia nos invita a poner todo frente al Señor, encomendándonos a Su Providencia".
Para terminar la jornada, León XIV presidió la última misa del año en la basílica de San Pedro, donde se entonó el himno del "Te Deum" como forma de agradecer y despedir con esperanzas renovadas estos doce meses cargados de desafíos.
Este balance se parece a mirar un tapiz antiguo: a la distancia asoma el diseño de fe y resistencia que sostiene la comunidad, pero de cerca no se esconden las marcas del dolor y la pérdida que trajeron estos tiempos difíciles.