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Aniversario

Tragedia de Cromañón: 21 años del día en que la música se apagó para siempre

Un 30 de diciembre de 2004, el boliche República de Cromañón se convirtió en una trampa mortal: más de 190 almas se fueron en un incendio provocado por una bengala, y miles quedaron marcados para siempre.

Tragedia de Cromañón: 21 años del día en que la música se apagó para siempre

Hace 21 años, la Argentina sufrió una herida que todavía duele en el corazón de todos. La madrugada del 30 de diciembre de 2004, lo que pintaba para una noche de fiesta con Callejeros derivó en una pesadilla gigante: el boliche República de Cromañón ardió y se cobró la vida de 194 personas, mientras más de 1.400 resultaron heridas.

El inicio fue una chispa: una bengala prendida por el público rozó una media sombra, ese mismo tejido inflamable que, aunque prohibido, estaba ahí, listo para desatar el desastre. En segundos, se encendió el fuego, pero no fue el fuego en sí lo que mató, sino el humo negro que se expandió voraz, convirtiendo el local en un verdadero infierno.

La noche terminó siendo una trampa mortal: el boliche estaba desbordado, con alrededor de 4.500 personas metidas donde sólo cabían un poco más de mil. En ese apretujón, chicos, pibas y grandes buscaron salida sin suerte: muchos no pudieron escapar.

Pero la tragedia no terminó con el incendio: con el correr del tiempo, el peso de aquel horror se llevó a varios sobrevivientes, con 17 suicidios registrados luego, un dato que refleja el profundo daño psicológico y la ausencia de contención.

Lo que saltó a la luz fue una maraña de corrupción y descuidos: bomberos, funcionarios, empresarios y policías se encontraron en la mira judicial. El dueño del lugar, Omar Chabán, junto a funcionarios del gobierno porteño y responsables de habilitaciones, afrontaron procesos legales interminables.

En el terreno político, el impacto fue toda una bomba: el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra, fue destituido tras un juicio político que mostró la gravedad institucional del desastre.

Hoy, veinte años después, Cromañón no es sólo un recuerdo: es una advertencia y una exigencia de justicia. Cambió la ley, modificó los controles y nos hizo repensar la seguridad en los eventos masivos. Pero, sobre todo, quedó grabado como la cruda prueba de cuándo el Estado no está a la altura.

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