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Crisis vitícola

Mendoza en vilo: ¿el adiós a 70.000 hectáreas de viñedos?

El historiador Pablo Lacoste alerta que la vitivinicultura mendocina enfrenta un quiebre histórico. Entre generaciones que cambian y un mercado saturado, la provincia deberá arrancar miles de hectáreas para sobrevivir.

Mendoza en vilo: ¿el adiós a 70.000 hectáreas de viñedos?

La vitivinicultura, ese gigante que hasta hace poco era el verdadero orgullo y alma de Mendoza, ahora parece estar en caída libre. Así lo pinta Pablo Lacoste, historiador de peso, que volvió de un congreso en la Universidad de Toulouse tirando un cachetazo de realidad que bien pocos quieren escuchar: "Hay un cambio de época. Un cambio generacional donde los boomers hemos sido reemplazados por millennials y la generación Z que tiene otras pautas de consumo y no les interesa el vino con estructura. El vino ya no funciona".

El asunto no es una mala racha pasajera, sino un vuelco completo en el mercado. En Francia, por ejemplo, hasta los enólogos de familias tradicionales están atravesando una crisis brutal, con casos extremos que conmovieron el mundo del vino. Según Lacoste, el músculo industrial del vino no para de crecer, pero el consumo lleva dos décadas en baja.

Para Mendoza la cosa es clara y directa: estamos sosteniendo un monstruo que ya no tiene a quién alimentar. El historiador lo compara con el pasado y sentencia que buena parte de esta gran industria se transformó en "fábricas de máquinas de escribir"; un producto obsoleto que nadie quiere.

Los datos son duros: las bodegas en Argentina y Chile están llenas hasta el tope y no pueden comprar uva porque no hay lugar para procesarla. Lacoste compara la situación con la crisis petrolera en Venezuela, donde parece imposible sacar producción porque no hay mercado. Los barcos cargados de vino recorren el planeta buscando comprador, incluso tras la caída de la demanda china.

La única salida es ajustar el terreno. El historiador no anda con vueltas: "Hay que prepararse que Mendoza va a tener que arrancar 70.000 hectáreas en los próximos 5 años".

Intentar evitar esta poda sería, en sus palabras, un "error clínico" que sólo alargará la agonía. El paralelismo con la minería es evidente: cuando YPF se retira por pérdida de rentabilidad, la vitivinicultura enfrenta igual riesgo.

Para salir del bache hace falta cortar con la vieja costumbre de vivir del Estado: "Durante 80 años estuvimos acostumbrados a que la solución era hacer lobby para conseguir subsidios. Éramos el borracho que pedía más trago, y ahora nos lo sacaron. Es doloroso, como un gordo con obesidad mórbida que tiene que bajar 50 kilos, pero hay que enderezar la macroeconomía para que el país funcione".

El futuro, según Lacoste, es innovar y apostar al "turismo ecocultural". Invocó el libro "¿Quién se ha llevado mi queso?" para remarcar que "eso ya pasó, hay que aceptarlo y no ponerse a llorar". Los vinos naturales tienen más demanda que oferta, aunque a los enólogos tradicionales les cuesta abandonar la química por miedo.

Mendoza enfrenta así un momento crucial: dejar atrás un modelo de casi un siglo y mostrarse creativo para reinventarse, porque la minería sola no alcanza y el reloj no espera a nadie.

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