Alarma en el sector salud: Más de un millón de laburantes podrían quedarse en la calle
La Unión Argentina de Salud advierte que la quita de la emergencia sanitaria pone en jaque a cientos de empresas y amenaza con despidos masivos.
La UAS, o sea la Unión Argentina de Salud, tiró una bomba y alertó que, si el presupuesto 2026 se aprueba sin la emergencia sanitaria, más de un millón de trabajadores de la salud podrían perder su changa. La cosa se pone brava porque también cientos de clínicas, sanatorios y centros de diagnóstico están al borde de cerrar sus puertas.
El problemón arranca con la eliminación del Capítulo XI, artículo 78 de la Ley de Presupuesto, que contenía temas importantes como la derogación de las leyes de Financiamiento Universitario y de Emergencia en Discapacidad, además de cuestiones clave como la movilidad de las asignaciones familiares y el régimen de zonas frías. Esta emergencia lleva desde 2001 vigente, y lo que más jode en el sector es que ningún gobierno hasta ahora se puso las pilas para arreglar la raíz del asunto ni ajustó los precios y costos a la realidad.
Desde la UAS aseguran que lo decidido en Diputados deja a más de 5.000 instituciones en una situación tremenda, con la chance de que desde el 1 de enero de 2026 muchas de ellas cierren. Estamos hablando de instituciones que emplean oficialmente a más de un millón de personas, gente que pone el cuerpo todos los días en clínicas, sanatorios y otros centros de salud.
Ante este panorama desolador, piden una norma que prorrogue clarito el régimen de inembargabilidad para que no se metan con las cuentas y activos esenciales mediante embargos fleteados por deudas fiscales. Como explicó el presidente de la UAS, Hugo Magonza, "Esta herramienta no implica condonación de obligaciones, sino un resguardo transitorio orientado a proteger el interés público".
Con esta medida evitamos que las acciones legales tiren abajo el funcionamiento de estos sitios fundamentales. Magonza remarcó que cualquier embargo pondría en riesgo la atención de servicios críticos y la estabilidad del sistema sanitario entero. En definitiva, se juega la salud de la gente y los puestos de trabajo se caen de maduro si no se revierte esta jugada.