Hipólito y Salvador: dos pibes que hacen latir la batería con alma sanjuanina
Con apenas 9 y 10 años, Hipólito y Salvador conquistan corazones sanjuaninos con su talento, disciplina y esa chispa que solo las familias que acompañan saben dar.
En el Club de la Batería, escondido en la calle Brasil 605, dos gurises ponen el pecho y las baquetas para contar una historia que emociona a toda la región. Se trata de Hipólito Pillarou, de 9 años, y Salvador Romero, de 10, dos chamacos que encontraron en los tambores más que un instrumento: un trampolín hacia sus sueños.
Hipólito tiene música en la sangre desde antes de nacer. Su viejo le ponía melodías en la panza de mamá y, según cuentan los orgullosos padres, nació tarareando en vez de llorar. No es casualidad que su abuela, una profesora de piano, haya plantado semillas de sensibilidad y curiosidad por los sonidos en sus primeros años. Además del ritmo, el básquet también le corre por las venas y sueña con brillar en la cancha y en el escenario. Su mamá Verónica y su papá Daniel están siempre ahí, dándole una mano en cada ensayo y desafío.
Del otro lado del salón, Salvador hace vibrar los parches a pura energía. A los 4 años, su tío Miguel Pedrozo le regaló sus primeras baquetas y lo hizo parte de un mundo mágico. La pasión y la perseverancia son sus aliadas y no es raro verlo combinar la música con el deporte: antes era fanático del hockey y ahora también le da al handball. Sus viejos, Carolina y Guillermo, bancan cada paso que da este pibe con alma de guerrero.
Lo que une a estos pibes no es solo la edad o el talento; es la garra para aprender, la humildad para reconocer errores y la alegría de disfrutar cada golpe como si fuera el primero. Porque acá la música no es solo ritmo, es un mensaje de que con pasión y apoyo de la familia, ningún sueño está fuera de alcance. Y ellos, sin dudas, están enseñando que el arte nacido del corazón puede transformar vidas enteras.