Los pacientes de Lacan no se guardaron nada: ¿Cuánto costaba ir al diván del analista más picante?
Dos libros revelan los secretos del consultorio del famoso Jacques Lacan. Sus pacientes contaron cómo era la terapia, las sesiones relámpago y las exigencias de este analista tan particular.
Ahora, imaginate ir al diván de Jacques Lacan, uno de los popes de la psicología a nivel mundial. Dos de sus pacientes, Pierre Rey y Gérard Haddad, se animaron a contar todo lo que pasaba ahí adentro. Y la verdad, no se guardaron nada.
Rey, un escritor que venía medio a los tumbos, llamó a Lacan y este, de entrada, le preguntó: "¿Por qué?". Después, lo atendía sin cobrarle, ¡pero lo obligaba a volver! Las sesiones podían durar segundos, pero cada palabra de Lacan era un golazo, te hacía pensar de verdad. No era el terapeuta que te la hace fácil, te ponía a laburar la cabeza.
Por otro lado, Haddad, un ingeniero que cambió su vida por completo después de Lacan, lo describe como el evento más importante. Contó cómo Lacan no te juzgaba, pero tampoco era neutral. Cuando le dijo "Me siento jodido", Lacan le retrucó: "Usted no se siente jodido, usted está jodido". Te encaraba de una, sin vueltas, para que te hagas cargo de lo tuyo.
Ambos coinciden en algo: Lacan era un "gruñón". No te daba la razón así nomás, salvo cuando soltabas algo clave, un sueño o una idea que lo sorprendía, y ahí sí, gritaba "¡Exactamente!" o "¡Es eso!", y te cortaba la sesión, "Venga mañana". Era un tipo que te hacía laburar en serio, no para que estés tranquilo, sino para que encuentres tu verdad, sin atajos.
Muchos critican que el psicoanálisis es largo, ¿cómo vas a pasar tanto tiempo en terapia? Pero, como dicen estos pacientes, y como pasa en el amor, a veces hay un "amor de la vida", y si hubo análisis, ¡hay muchas vidas posibles! No es para apurar, es para vivirlas de otra manera.