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Churchill y la Corona

¡Churchill los hizo leyenda y, ¿la monarquía qué le dio? Unos posavasos! El biógrafo de Lady Di no se guarda nada

El famoso biógrafo de Lady Di, Andrew Morton, revela en su nuevo libro cómo Winston Churchill fue clave para construir la imagen de la monarquía británica en el siglo XX. Y la realeza, ¿cómo le pagó?

¡Churchill los hizo leyenda y, ¿la monarquía qué le dio? Unos posavasos! El biógrafo de Lady Di no se guarda nadaCrédito: Infobae

Pero si no fuera por el nuevo libro de Andrew Morton, "Winston and the Windsors", quizás nunca hubiéramos entendido el significado detrás de esos obsequios. Morton, que se hizo conocido mundialmente en 1992 por sacar a la luz la historia secreta de Lady Di, ahora se mete de lleno con otro ícono británico: el mismísimo Churchill.

El libro de Morton apela a la nostalgia, mezclando dos temas que siempre venden: la Segunda Guerra Mundial y la realeza. Recorre la vida y carrera de Churchill a través de su relación con los monarcas, desde la Reina Victoria hasta Isabel II, desgranando momentos clave del Reino Unido del siglo pasado.

Aunque uno podría preguntarse si hace falta otro repaso a la crisis de abdicación o los esfuerzos del rey por superar la tartamudez, el libro te engancha con detalles jugosos. Por ejemplo, te enterás que en momentos de estrés, Churchill se daba estímulo intelectual murmurando y empujando las sillas con la panza alrededor de la mesa del Gabinete.

Es que Churchill, a pesar de sus cambios de bando político y su irreverencia, le fue leal a la Corona como pocos. Para él, la monarquía era algo místico, el corazón espiritual de la nación, un escudo contra el despotismo. Por eso, se encargó de proteger a los Windsor hasta de ellos mismos.

¿Ejemplos? En 1910, cuando un periodista belga acusó al rey Jorge V de bígamo, fue Churchill quien, como ministro del Interior, exigió acciones y limpió el nombre del monarca. Décadas después, en plena guerra, aconsejó a Jorge VI que no mandara a sus hijas a Canadá, consolidando la imagen de la familia real como símbolo de lealtad y valor en tiempos difíciles.

También le dedicó un capítulo aparte a Eduardo y Wallis, a quienes describió como "muy patéticos pero también muy felices". Gracias a él, lograron pasar la guerra sin que su reputación se fuera al bombo, a pesar de que se codeaban con presuntos nazis y Eduardo no se guardaba nada contra Churchill y la guerra.

Así que, Churchill ayudó a forjar la leyenda de la dinastía Windsor, y ellos, como recompensa, le dieron unos posavasos. Y en el medio, queda Morton, el biógrafo que, tomando prestado de los grandes (incluido él mismo), nos vuelve a contar estas historias una y otra vez.

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