Nikita Mijalkov: 80 años entre alfombras rojas, aplausos de Putin y críticas furiosas
El cineasta más premiado de Rusia, y gran amigo de Putin, celebra su cumpleaños 80 en medio de homenajes oficiales y fuertes críticas por su apoyo a la guerra en Ucrania.
El cineasta ruso Nikita Mijalkov, una figura gigante para su país, acaba de cumplir 80 años y las celebraciones en Rusia fueron a lo grande. Desde el mismísimo Vladímir Putin, que lo felicitó como "una destacada figura de la cultura rusa y mundial, una persona talentosa, enérgica e infinitamente apasionada", hasta la televisión estatal, todos salieron a saludar al director. Pero no fue solo Putin. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, lo llenó de elogios tanto por su arte como por su "labor propagandística", diciendo que a ambos les "preocupa lo mismo: la justicia". La Duma, el parlamento ruso, le dio una medalla por su "activa posición civil", y la Iglesia Ortodoxa lo nombró "profeta". Es que Mijalkov es un defensor a ultranza del Kremlin y de la guerra en Ucrania, y no se guarda nada. Más allá de la política, Mijalkov tiene una trayectoria cinematográfica impresionante. Ganó un Óscar y el Gran Premio del Jurado en Cannes en 1994 por "Quemados por el sol", el León de Venecia por "Urga" y la Concha de Oro por "Una pieza inacabada para piano mecánico". Pero después de "El barbero de Siberia" en 1998, su carrera no volvió a ser la misma, salvo por "12", una remake de "12 hombres en pugna", que también le valió un premio en Venecia. Lo curioso es que, aunque se declara monárquico, también es un nostálgico de la vieja Unión Soviética, a la que todavía ve como "un gran país". Apoyó a Boris Yeltsin en su momento, pero después se arrepintió. Incluso pensó en ser presidente en el 2000, pero le dejó el camino libre a un tal Vladímir Putin, que por entonces era un desconocido. Desde entonces, se hizo inseparable del partido de Putin, Rusia Unida. Pidió que Putin siguiera un tercer mandato cuando la Constitución no lo permitía, fue su apoderado en elecciones y hasta quiso que procesaran a Mijaíl Gorbachov por la caída de la URSS (aunque después lo llamó para disculparse, ¡mirá vos!). También salió a bancar a los ultranacionalistas serbios, diciendo que la religión ortodoxa era el último refugio contra "la hegemonía de McDonald´s". Así, mientras en Rusia lo celebran como un prócer y un profeta, en Occidente lo miran con mucha desconfianza. Nikita Mijalkov, un artista brillante y una figura política controvertida, nos deja pensando: ¿se puede separar la obra del artista cuando este se mete de lleno en la política más dura y apoya causas que dividen al mundo? Un quilombo, sin dudas.