Un mes fatal para Alemania: así se cocinó el ascenso de Hitler al poder, entre intrigas y traiciones
Un nuevo libro revisa los últimos 30 días antes de que Hitler fuera canciller. La historia de cómo las ambiciones personales y las peleas políticas le sirvieron en bandeja el poder al nazismo.
El libro "A treinta días del poder", de Henry Ashby Turner, que ahora se reedita, nos cuenta ese mes clave. El autor deja claro que no fue solo una cuestión de partidos, sino que las decisiones de un puñado de personas, sus ambiciones y desconfianzas, fueron las que inclinaron la balanza. La República de Weimar, que ya venía con problemas, se volvió un quilombo de egos entre los conservadores.
Hitler venía medio golpeado, su partido no la pasaba bien en las urnas. Pero Papen, que se creía más vivo, se juntó con él en secreto y le dio una mano. Hitler, que no era ningún tonto, vio las fisuras entre los poderosos y se dio cuenta que podía meter la cola. Así, Papen se puso las pilas y armó un gabinete que, supuestamente, lo iba a tener a Hitler de títere.
El día de la jura fue un verdadero quilombo. Tensiones por todos lados, y al final, Hindenburg, el presidente, le tomó juramento a Hitler. El autor lo dice sin pelos en la lengua: fue casi un perjurio. Papen, el que armó todo, después quiso hacerse el distraído en sus memorias. Pero el libro es claro: la culpa, al final, fue de Hindenburg, que cedió a las presiones y le abrió la puerta al desastre.
Esta reedición nos hace pensar mucho en lo que pasa hoy. Cómo las decisiones de unos pocos, las alianzas de conveniencia y la falta de acuerdo entre los políticos pueden cambiar para siempre el rumbo de un país. En tiempos de tanta bronca y polarización, mirar lo que pasó en Alemania es una lección para que no se repitan errores parecidos.