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Ajuste sin freno

La motosierra no perdona: el gasto público cae a pique y los recortes se sienten en cada rincón del Estado

El presupuesto del Estado sufrió un recorte brutal del 31% en dos años, afectando desde hospitales y escuelas hasta la comida de los comedores, mientras se proyecta un ajuste aún mayor para el 2026.

La motosierra no perdona: el gasto público cae a pique y los recortes se sienten en cada rincón del EstadoCrédito: Infobae

En el área de salud, la Superintendencia de Servicios de Salud se quedó con el 70% menos de plata. Varios hospitales nacionales, que son clave para la gente, vieron sus presupuestos caer entre un 30% y un 38%. El prestigioso Instituto Malbrán perdió un 22% de su ejecución, y la ANMAT, encargada de cuidar lo que comemos y los remedios, un 28%. Un verdadero quilombo. Solo el Incucai, que gestiona los trasplantes, zafó con un aumento del 42%.

La ciencia y la educación también quedaron hechas pelota. El programa para fomentar la investigación bajó un 83%, y organismos como el CONICET, CONAE y el Servicio Meteorológico Nacional sufrieron recortes de entre 19% y 35%. En las escuelas, programas que eran un golazo como Conectar Igualdad y el Fondo Nacional de Incentivo Docente, directamente no tuvieron ejecución. Las becas y los fondos para arreglar edificios escolares cayeron hasta un 89%.

Ni la investigación ni el campo se salvaron: la Secretaría de Industria bajó su gasto un 78%, el INTA un 38% y el INTI un 45%. Esto afecta directo la ayuda al sector industrial y agropecuario. Y en lo social, la ANSES redujo su ejecución un 7%, y la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia un impresionante 72%. Los comedores comunitarios y merenderos, donde comen muchos pibes, tuvieron un ajuste del 63%. El Ministerio de Capital Humano, que concentró muchas de estas áreas, fue el más afectado. Pero ojo, no todo baja: el gasto en inteligencia del Estado, por el contrario, subió un 35% respecto de 2023.

Para el 2026, el Presupuesto viene con un "blindaje fiscal" que es bravo: si hay más plata, bajan los impuestos; pero si los ingresos caen, le meten más recortes al gasto discrecional, o sea, a la salud, educación y lo social. Como si nada. Se busca un equilibrio financiero con superávit, pero a costa de seguir ajustando áreas sensibles. Por ejemplo, las partidas para educación apenas subirán un 4% nominal, y las universidades seguirán con recursos limitados. Las becas estudiantiles acumulan una caída del 76% desde 2023, y el CONICET, casi un 40% en tres años.

Hernán Letcher, director de CEPA, no se guardó nada y dijo que esta lógica de desfinanciamiento no solo achica el gasto, sino que "afecta las capacidades institucionales del Estado" y hace que se pierda "soberanía técnica y científica". Por su parte, Nadin Argañaraz del Iaraf, explicó que el gasto indexado (jubilaciones) sube, pero el no indexado (salarios, obra pública, subsidios) cae un 10% real, generando un efecto multiplicador negativo: menos consumo y menos actividad económica.

Daniel Garro, de Value International Group, interpretó este desfinanciamiento como una estrategia deliberada del Gobierno para "cerrar o debilitar organismos". Según él, "si no me permiten avanzar con la reestructuración, les saco la comida, la luz y el gas. Es una forma indirecta de cerrar los organismos". Una decisión política y fiscal para achicar "por asfixia presupuestaria".

Así las cosas, el ajuste sigue y los barrios lo sienten en carne propia, con menos servicios y más incertidumbre. La discusión queda picando: ¿hasta dónde se puede recortar sin que los servicios esenciales para la gente queden hechos pelota?

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