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Cara a cara con Rico

Jaunarena y el "no, no, no, no y no" que le clavó a Aldo Rico en Semana Santa

El ex ministro de Defensa de Alfonsín, Horacio Jaunarena, recuerda el tenso encuentro con los carapintadas. Un relato clave de la democracia argentina que podés leer en su libro, gratis.

Jaunarena y el "no, no, no, no y no" que le clavó a Aldo Rico en Semana SantaCrédito: Infobae

Horacio Jaunarena, una figura clave de la vuelta a la democracia y ex ministro de Defensa de Alfonsín, desclasifica un momento zarpado de nuestra historia. A sus 82 años, cuenta en primera persona cómo fue aquel día de Semana Santa cuando le tocó ir a Campo de Mayo a enfrentar a los militares sublevados liderados por Aldo Rico. Una charla que define la Argentina.Entro con mi ayudante y aparece Rico con ocho o diez tipos al lado, recuerda Jaunarena. Con las armas amartillándose, Rico le tiró cinco exigencias: amnistía, poner a los jefes que ellos querían, un presupuesto veinte veces mayor, que no haya más juicios y un aumento de sueldo. La respuesta de Jaunarena fue contundente y para el recuerdo: A la primera, no; a la segunda, no; a la tercera, no; a la cuarta, no y a la quinta, no.Ese no no era solo suyo, era la voz del pueblo. Jaunarena explica que miles de argentinos salieron a la calle, demostrando que no querían más golpes militares. Les dijo a los carapintadas que no estaba solo el presidente, sino toda la gente, y que si no se rendían, la cosa podía terminar en un quilombo zarpado. Incluso, Alfonsín, antes de ir él mismo, se lo encontró rezando en una capilla.Sobre la famosa Ley de Obediencia Debida, Jaunarena desmiente que haya sido una negociación bajo presión. Afirma que Alfonsín ya la había anunciado semanas antes del levantamiento. Su libro, La casa está en orden, disponible gratis digitalmente, profundiza en estos y otros momentos clave, como la decisión de juzgar a las juntas, rechazando la teoría de los dos demonios.Con 40 años de democracia en la espalda, Jaunarena se muestra conforme con lo hecho. Tan mal no lo hicimos, asegura. Reflexiona sobre la ética de la responsabilidad que guio al gobierno de Alfonsín, buscando justicia sin caer en una masacre generalizada. Aunque preocupado por el futuro de la democracia y los partidos, se siente orgulloso de haber contribuido a que la Argentina no fuera un país de muerte, un país de luto.

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