Anthony Bourdain bancó a la cocinera más polémica de la historia: ¿Villana o víctima del sistema?
El famoso chef, conocido por su lengua filosa, se metió de lleno en la historia de Mary Mallon, la "María Tifoidea", para defenderla y mostrar otra cara de la moneda.
En su libro, "El curioso caso de Mary Mallon", Bourdain se metió de lleno en la vida de esta irlandesa. ¿Quién era Mallon? Una cocinera que, sin tener síntomas, transmitía la fiebre tifoidea a la gente que comía sus platos. La mina se negaba a aceptar que era portadora y se plantó ante las autoridades, lo que la convirtió en un símbolo de rebeldía, pero también en un peligro público, ¡un verdadero problema para la salud!
Bourdain, que siempre se sintió parte de una "sociedad secreta" de cocineros con sus propias reglas, vio en Mallon a una colega. Él mismo era un rebelde, que no se guardó nada al mostrar los entretelones de las cocinas, ese "mundo abrasador de alta presión" lleno de "piratas curtidos" y "almas descarriadas". Por eso, su interés en Mary no fue casualidad: se vio reflejado en esa mujer que desafió lo establecido y pagó un precio altísimo por su independencia.
El libro de Bourdain es un verdadero alegato a favor de Mallon. Nos invita a pensar si fue una villana que causó varias muertes o si su destino ya estaba sellado por ser parte de esa estirpe indómita de cocineros, en una Nueva York con muchas falencias sanitarias y políticas públicas que no daban abasto. Incluso, se pregunta si el doctor Soper, el que la persiguió sin descanso, no fue un poco patético y miserable al no intentar ayudarla de verdad.
La historia terminó mal para Mary. La confinaron en una isla, la soltaron con la condición de no volver a cocinar, pero la mujer, terca como mula, volvió a las andadas. Propagó el tifus otra vez, ¡hasta en un hospital! Por eso, la encerraron de forma definitiva en 1915 y pasó los últimos 23 años de su vida aislada, como si fuera una criminal.
Este laburo de Bourdain, que ahora está traducido, es divertido, con ritmo y muy bien investigado. Pero más allá de la historia, es como un autorretrato del chef. Él mismo lo deja claro en la última línea: "Un obsequio. De un cocinero a otro". Una manera de decir: "Te entiendo, colega, y te banco, aunque el mundo te haya juzgado". ¡Un golazo de Bourdain!