¿Sabías que el creador de Asterix, René Goscinny, era "decididamente argentino"? Reeditan su historieta más personal.
La serie "El Pequeño Nicolás", que refleja la infancia del célebre autor en Buenos Aires, vuelve a las librerías con una nueva edición. Su hija asegura: "Mi padre, sus personajes y mi corazón son decididamente argentinos".
Arrancamos con una bomba cultural: René Goscinny, el genio detrás de clásicos como Asterix y Lucky Luke, ¡tenía el corazón bien argentino! Libros del Zorzal acaba de relanzar "El Pequeño Nicolás", una serie de quince títulos que nos muestran la infancia de este autor en nuestra querida Buenos Aires. Su hija, Anne Goscinny, no se guardó nada y lo dejó claro en el prólogo: "Mi padre, sus personajes y mi corazón son decididamente argentinos". ¡Un golazo para la cultura local!La historia arranca en 1928, cuando René, con apenas dos añitos, pisó suelo argentino. Él mismo contaba, con picardía, que lo recibieron con desfile militar y fuegos artificiales, aunque después se enteró que era por una fiesta patria. Sus padres, inmigrantes polacos, encontraron laburo acá, escapando de una Europa que, años después, se iba a poner densa con el nazismo. Una movida que les salvó la vida, ya que su familia que se quedó en Francia no corrió la misma suerte.Acá en Argentina, el pibe hizo la primaria doble, en francés y español, y después el Liceo Francés. Él mismo bromeaba que por eso podía decir "dos más dos son quatre" sin pestañear. Desde chico, ya se notaba su chispa: "Ya en ese tiempo hubiera hecho cualquier cosa para hacer reír a mis compañeros. Y para hacerlos reír a esos había que hacer cualquier cosa", confesó en sus textos autobiográficos. Esa escuela de la risa, bien de barrio, fue clave para lo que vendría."El Pequeño Nicolás", con las ilustraciones de Sempé, es un reflejo de esos años. Graciela Montes, una grosa de las letras, dice que esta historieta es "un recreo inteligente" y una burla elegante a las rigideces, sobre todo de la escuela. Las historias, llenas de inocencia y curiosidad, nos llevan a una época donde los chicos jugaban en la calle sin tanto control, lejos de la paranoia adulta. No es nostalgia, sino una invitación a encender la imaginación.Anne, la hija de Goscinny, remarca lo importante que fue esa infancia "lejos de esta Europa de fuego y sangre". Contaba que, de grande, en Francia, su viejo era "un hombre adulto, un poco rígido", pero que cuando volvía a Buenos Aires, se transformaba. Tenía esa actitud despreocupada de alguien que quería olvidar las tragedias familiares que pasaron del otro lado del charco. La Plaza San Martín, en Retiro, fue testigo de esos momentos de pura niñez.Después de recibirse de bachiller en 1943 y de la muerte de su padre, René tuvo que salir a buscar la moneda. Laburó de administrativo y en publicidad, demostrando su talento para el dibujo. Un tío lo llamó de Nueva York, y aunque no entendía bien qué hacía ahí, la aventura siguió. Terminó enlistándose en el ejército francés como ilustrador oficial, antes de convertirse en el gigante de la historieta que todos conocemos. Pero ese toque argentino, ese "tener los ojos de un niño" acá, nunca se le fue.