El ascenso y la caída de Juárez Celman: de presidente imparable a vivir recluido, prohibido nombrar a Roca
Miguel Juárez Celman, el ambicioso presidente que quiso opacar a Roca, terminó su carrera política en un escándalo económico y un ostracismo total, sin que nadie pudiera mencionarle a su concuñado.
Miguel Juárez Celman no encajaba para nada con la imagen de político imponente. Bajito, menudito y con una incipiente calvicie, su fuerte no era la pinta, sino una inteligencia zarpada y una ambición que lo impulsó desde muy joven. Su carrera parecía un tren sin freno, listo para llevarse todo por delante, hasta que de golpe, se descarriló para siempre.Nacido en Córdoba, este abogado precoz se casó con Elisa Funes, hermana de la esposa de Julio Argentino Roca, lo que lo emparentaba directamente con el "Zorro del Desierto". En poco tiempo, escaló posiciones de manera impresionante: ministro, gobernador de Córdoba, senador y, con apenas 42 años, presidente de la Nación. Su ascenso fue meteórico, en gran parte gracias a la maquinaria política que él mismo ayudó a construir para Roca, quien luego lo ungió como su sucesor.Ya en la Casa Rosada, en 1886, Juárez Celman se propuso dejar su propia marca, con un estilo personalista que le valió el apodo de "El Único". Quería sacarse de encima la sombra de Roca y armó su propio equipo de jóvenes promesas. Durante su gobierno se establecieron hitos importantes como el Registro Civil y el Matrimonio Civil, y se hicieron obras públicas, pero su ambición desmedida lo llevó a cometer graves errores económicos.Poco ducho en finanzas, Celman empezó a vender gran parte del patrimonio nacional y a tomar empréstitos impagables. La emisión descontrolada de billetes y la especulación desatada generaron un quilombo económico sin precedentes. La deuda se disparó, la Bolsa se derrumbó y la inflación golpeó fuerte el bolsillo de la gente, que lo bautizó como "el burrito cordobés". El país estaba hecho pelota.La situación era insostenible y la gente buscaba un culpable. En 1890, la Unión Cívica, con figuras como Alem y del Valle, gestó una revolución para voltear al gobierno. Roca, que ya se había distanciado de su concuñado, operó para que la revuelta tuviera éxito, pero sin que los revolucionarios llegaran al poder. Cuando Buenos Aires se convirtió en un campo de batalla, el vicepresidente Pellegrini convenció a Celman de que se fuera, dejando que la situación estallara.El resultado fue contundente: "la revolución está vencida, pero el gobierno está muerto", se decía en las calles. Una asamblea legislativa, presidida por el mismísimo Roca, le exigió la renuncia. Así, Juárez Celman se convirtió en el primer presidente argentino en dejar su cargo. La gente celebraba su partida con cánticos: "Ya se fue, ya se fue, el burrito cordobés".Lejos de la política, se recluyó en su estancia "La Elisa", en Capitán Sarmiento. Allí vivió encerrado, sin recibir a nadie y con una regla inquebrantable: prohibido nombrar a Roca en su presencia. Nunca más habló en público ni dio su versión de los hechos. Murió en 1909, olvidado por casi todos, sin calles ni plazas que lo recuerden en la capital, un final trágico para aquel que soñaba con ser el número uno.