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Corazón valiente

El "mea culpa" de un papá por el nombre "único" de su hijo: "Lo condené a explicar cómo se escribe", pero la vida le tenía una prueba más dura

Eduardo bromea con la elección del nombre "Pruno" para su hijo, pero la historia de su familia es un ejemplo de amor, reencuentros y una pelea feroz por la vida en el sur del GBA.

El "mea culpa" de un papá por el nombre "único" de su hijo: "Lo condené a explicar cómo se escribe", pero la vida le tenía una prueba más duraCrédito: Infobae

Pero detrás de la anécdota de este nombre particular, que no es "Bruno", se esconde una historia mucho más profunda. La pareja se conoció en 2018 por Facebook, él de Lanús y ella de Ranelagh. Después de una primera chispa, la pandemia de 2020 los encontró separados, pero el destino digital los volvió a unir a fines de 2021. Esta vez, sin dudas, Valeria se mudó a Lanús y la familia empezó a crecer.

En 2022 llegó una noticia inesperada: Valeria estaba embarazada. Aunque no lo buscaron, la alegría fue inmensa, a pesar de que para ella significaba volver a empezar con pañales y mamaderas. El embarazo no fue fácil, con un hematoma que la obligó a hacer reposo. Pruno aguantó y nació el 3 de enero de 2023, apenas unas semanas después de que Argentina ganara el Mundial. "Viste que los bebés vienen con un pan bajo el brazo... bueno, este vino con la Copa debajo del brazo", se enorgulleció Eduardo, celebrando esa alegría doble.

El nombre lo eligieron por su fanatismo por la banda "Stone Temple Pilots", que tiene un tema así. En el Registro Civil de Lanús, la empleada lo anotó sin problemas, a pesar de la sorpresa de familiares y amigos. Más allá de lo musical, Eduardo descubrió que "Pruno" tiene raíces latinas ligadas a los ciruelos y hasta un pueblo italiano que observa el solsticio de invierno, un evento cercano a la fecha de nacimiento del pequeño.

Sin embargo, la felicidad inicial se vio empañada por un diagnóstico que heló la sangre: Pruno padecía una cardiopatía congénita, un orificio en su corazón que requería una operación a corazón abierto a los cuatro meses. La noticia fue un golpe devastador. La espera de seis horas durante la cirugía fue una tortura, "te dicen que hay un 99.9% de probabilidades de que salga todo bien, pero nosotros no podíamos sacarnos de la cabeza ese 0.01%", recordó Eduardo con la voz quebrada.

Pero Pruno demostró ser un verdadero luchador. La operación fue un éxito rotundo, y hoy, una cicatriz en su pecho es el testimonio silencioso de su increíble fortaleza. "Por suerte quedó perfecto, puede hacer vida normal. Ahora lo estamos disfrutando, Pruno es un salvaje", dice Eduardo aliviado. El niño es alegre, se hace entender y vive rodeado del amor de sus padres y sus hermanos mayores.

Quizás, cuando sea más grande, reniegue de tener que deletrear la "P" inicial de su nombre una y otra vez. Pero cuando Eduardo y Valeria le cuenten su historia, la de un amor que venció la distancia, la de un corazón valiente que luchó para seguir latiendo y la de un nombre que simboliza todo eso, seguramente entenderá que Pruno es mucho más que un nombre: es un emblema de vida y una prueba de amor que se puso las pilas contra la adversidad.

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