Érika de Sautu Riestra, la actriz de "En el barro", y su conmovedora historia: "Hace 27 años tengo un bebé"
La actriz de la serie de Netflix "En el barro" compartió los desafíos de ser madre de Gaspar, su hijo con lisencefalia y síndrome de West, y cómo aprendió a vivir cada día con amor.
La actriz Érika de Sautu Riestra, a quien muchos conocieron últimamente por su papel de la falsa médica Olga Giuliani en la exitosa serie de Netflix "En el barro", abrió su corazón y habló de un aspecto muy íntimo de su vida: su hijo Gaspar. Hace 27 años, cuando él nació, la información sobre condiciones como la suya era casi nula, sin internet ni Google para consultar. Érika confesó que no tenía idea de lo que significaba la discapacidad, pensando que sería un simple retraso.A los pocos meses de vida de Gaspar, llegó el diagnóstico: lisencefalia, que significa "cerebro liso", y síndrome de West. Érika contó en una entrevista cómo fue asimilando la situación día a día, sin imaginarse la complejidad que vendría. Hoy, Gaspar requiere traqueostomía, gastrostomía, un equipo de cuatro enfermeras y kinesiólogo. Para ella, la fe fue y sigue siendo un pilar fundamental, viviendo la experiencia como si le hubiera tocado "un ángel con el ala rota".Los primeros tiempos fueron durísimos. Érika recordó con emoción que, tras ser medicado, Gaspar pasó más de un mes dormido. "Si él no me convocaba a mí como mamá, yo no era mamá", expresó. Esta realidad la convirtió en lo que ella llama una "madre de terapia intensiva", aprendiendo a realizar procedimientos médicos complejos como poner una sonda nasogástrica. Fue un camino donde la maternidad tradicional tuvo que cederle espacio a la atención médica constante.Con el tiempo, y tras buscar ayuda psicológica, Érika pudo reconectar con su rol de madre desde otro lugar. La recomendación fue clara: delegar lo "enfermerístico" y enfocarse en el juego, los mimos y el amor. Así, descubrió una forma de ser mamá más allá del cuidado médico. Hoy, con una aceptación plena, la actriz afirma: "Yo hace 27 años que tengo un bebé. Tengo lo que todas las mamás desean que es un bebé eterno", disfrutando de cada momento sin conflictos ni cuestionamientos.Sobre la mirada de la gente, Érika es contundente. Asegura que nunca le importó lo que pensaran los demás. Relató cómo salía con Gaspar a todos lados, sin pudor por los dispositivos médicos que lo acompañan. "No me interesa la integración forzada. Que no acepten tampoco me molesta", afirmó, dejando claro que su prioridad es la felicidad y el bienestar de su hijo, y no la aprobación externa.La historia de Érika y Gaspar es un testimonio de amor, resiliencia y una aceptación profunda. Nos enseña que la fuerza de una madre puede transformar los desafíos más grandes en una fuente inagotable de alegría y conexión, demostrando que el amor verdadero no conoce límites ni condiciones.