El misterio de la bandera: ¿Quién empezó con la costumbre de festejar envuelto en los colores patrios?
Desde Carl Lewis hasta nuestros días, un repaso por la historia de ese gesto que emociona en cada podio. ¿Fue espontáneo o ya es parte del protocolo?
Ver a un atleta envuelto en la bandera de su país después de ganar una medalla es una imagen que ya tenemos recontra grabada. En cada Juego Olímpico o Mundial, los campeones recorren la pista con los colores patrios, mezclando la alegría personal con el orgullo de toda una nación. Pero, ¿alguna vez te preguntaste de dónde salió esta tradición tan fuerte?Muchos creen que todo arrancó con Carl Lewis. En los Juegos de Los Ángeles 1984, después de llevarse la primera de sus cuatro medallas de oro, el estadounidense desfiló con la bandera de su país bien arriba. Esa foto fue un antes y un después para el deporte, y Lewis repitió el ritual en cada triunfo. Aunque su equipo siempre dijo que fue algo espontáneo, sin planear nada.Sin embargo, la historia es un poco más larga. Mucho antes que Lewis, hubo otros que hicieron lo suyo. Por ejemplo, en Helsinki 1952, el brasileño Adhemar Ferreira da Silva festejó con un ramo de flores y su bandera. Y en Múnich 1972, el ugandés John Akii-Bua también ondeó la suya después de ganar. Son gestos menos conocidos, pero que demuestran que la idea de la bandera ya andaba dando vueltas.Igual, no todos se prendieron. Jesse Owens, la leyenda de Berlín 1936, no usó la bandera, quizás por el contexto de segregación racial que vivía. Y en Montreal 1976, al francés Guy Drut le dieron una banderita, pero no se hizo costumbre enseguida. Según L’Équipe, la cosa tardó varias décadas en consolidarse de verdad.El historiador Patrick Clastres, de la Universidad de Lausana, le explicó a L’Équipe que un punto clave fue la caída del Muro de Berlín. Con el fin de las grandes ideologías, aparecieron muchas naciones nuevas y sus banderas, que se vieron por primera vez en eventos como los Juegos de Barcelona 1992, donde Croacia debutó con sus propios símbolos. Esto le dio un empujón fuerte a la costumbre.Hoy, el protocolo ya lo tiene incorporado. El decatleta Kevin Mayer, bicampeón mundial, contó que siempre hay alguien de la federación esperándote en la meta para darte la bandera. "No sos vos quien lo piensa, la federación te la entrega", dijo. Para él, es un momento "genial" de orgullo personal.Christophe Lemaitre, otro campeón, confesó que nunca se puso a pensar mucho el porqué; simplemente lo imitó de ver a otros grandes. "Lo hice porque me parecía obvio, natural. Estaba orgulloso", aseguró. Ambos coinciden en que no hay presiones de federaciones ni de marcas, aunque a estas últimas les venga bien para tapar logos de la competencia. La World Athletics, de hecho, lo apoya como parte del espectáculo.Así que, lo que empezó con gestos espontáneos de algunos cracks, se fue naturalizando y hoy es un símbolo que mezcla la hazaña individual con el sentir de un país entero. Un golazo de la emoción en cada podio.