¡Increíble! Un médico le dijo a Natalia Oreiro que deje de actuar: "Estás muy triste, ¿por qué no cambiás de profesión?"
La actriz, que viene de estrenar una película que la rompe, recordó la insólita recomendación de un doctor que no la conocía.
El médico, especialista en leer el iris de los ojos, insistió con su diagnóstico de tristeza profunda. Cuando Oreiro le contó que era actriz y que su personaje estaba en una situación complicada, el profesional no se guardó nada y le tiró la frase que la dejó helada: "Cambie de profesión".
¿Por qué esa recomendación? El médico le explicó que el cuerpo no diferencia si uno actúa o si realmente sufre. "Porque usted le manda una información al cerebro o a su cuerpo de que está llorando y está sufriendo y su cuerpo no puede decir: "Ah, porque usted es actriz". No lo puede disociar", le dijo. Una reflexión que, para Natalia, nos deja pensando en lo que consumimos y cómo nos afecta.
Pero más allá de las anécdotas, el laburo de Natalia ahora la tiene metida en una historia que te llega al alma: la película "La mujer de la fila". Este film, basado en hechos reales, nos muestra el calvario que viven las familias de personas detenidas en Argentina, enfrentándose a la burocracia y la injusticia del sistema carcelario.
La película cuenta la historia de Andrea Casamento, una mamá que de golpe se convierte en activista cuando su hijo, Juan, termina preso por un error. La trama expone la humillación y el desgaste emocional que sufren los familiares al visitar y tramitar en la cárcel de Ezeiza, donde incluso se filmaron partes para darle más realismo.
Y acá viene lo más fuerte: la historia de Juan, el hijo de Andrea, es increíblemente injusta. En 2004, lo llevaron preso por error, acusado de un robo que no había cometido. ¿El supuesto botín? ¡Cuatro empanadas! Juan, que hoy es peluquero y tiene su emprendimiento, estuvo seis meses encerrado hasta que demostraron su inocencia.
Andrea contó que tuvieron suerte por tener un buen abogado, por ser de clase media y por vivir de este lado de la General Paz. "No debería, pero así funciona", lamentó. Historias como estas, que Natalia Oreiro ayuda a visibilizar, nos hacen pensar en el quilombo que viven muchas familias de barrio cuando se topan con el sistema penitenciario argentino.