El legado familiar en juego: ¿Por qué 7 de cada 10 empresas no llegan a la tercera generación?
Muchas empresas familiares, construidas con esfuerzo, no sobreviven el paso del tiempo. La clave para proteger lo que es tuyo está en una buena planificación.
Mirá vos qué dato: siete de cada diez empresas que arrancaron en familia no llegan a la tercera generación. Muchos piensan que es porque los nietos no le meten las mismas ganas que los abuelos fundadores, que como ya tienen todo servido, no se ponen las pilas. Esa es una idea muy común por acá, en toda Latinoamérica.Pero la verdad es otra. Los especialistas dicen que el problema no es tanto la supuesta falta de compromiso de los pibes, que muchas veces están mejor preparados que sus antecesores. El verdadero quilombo es que no hay una buena planificación de la herencia y de cómo se va a manejar todo legalmente.Al principio, cuando la empresa arranca, el capital está en pocas manos. Dos o tres socios, casi siempre familia, que se entienden a la perfección y deciden todo rápido. Como hay buena onda, piensan que no hace falta planificar nada. Pero justo ahí, cuando todo va viento en popa, es el mejor momento para dejar las cosas claras para el futuro.El problema empieza cuando la familia crece. Pensá en tres hermanos inmigrantes que arman un negocio. Al principio, todo bien. Pero después, cada uno tiene sus hijos, sus familias, y los intereses empiezan a variar. Cuando llegamos a la tercera generación, el capital se reparte entre muchísimos herederos, y cada uno tiene una parte chiquita. Esos nuevos dueños, que a veces ni se conocen bien, no tienen la misma garra ni el mismo sentido de pertenencia que los fundadores. Y ahí se pudre todo, se complica decidir y la empresa puede terminar cerrando o vendiéndose.Acá en Latinoamérica, tenemos la costumbre de pensar que la plata se hace en vida y se reparte cuando uno no está. Eso hace que el patrimonio se vaya achicando con cada generación. Además, la riqueza a veces genera envidia o problemas con los impuestos, y eso tampoco ayuda a que las fortunas duren.Fijate en Asia, en países como Japón o China. Ahí, el patrimonio familiar se ve como algo que hay que cuidar y pasar de generación en generación, una responsabilidad, no un botín para repartir. No es casualidad que las empresas más viejas del mundo sean de esos lados. Tienen otra cabeza.Para que nuestras empresas familiares no se queden en el camino, hay herramientas que nos pueden dar una mano. Por ejemplo, los "trusts", que sirven para proteger y administrar la plata, y los "protocolos familiares". Son como un manual de instrucciones que define cómo va a funcionar la familia en los negocios, para evitar peleas por la herencia o por las decisiones.Así que, si querés que el esfuerzo de tus viejos o abuelos siga dando frutos, lo mejor es buscar asesoramiento profesional y armar un buen protocolo familiar. Pensar a largo plazo, como hacen en Asia, es la clave para que el negocio siga en pie por muchos años más. Es la única forma de que el legado no se pierda.