¡Golazo verde! El Jardín Botánico cumple 127 años: un oasis en el medio del cemento porteño
Desde 1898, este pulmón verde de Palermo nos regala naturaleza y un respiro del quilombo de la ciudad. Una joya histórica pensada por el gran Carlos Thays.
El cerebro detrás de esta maravilla fue Carlos Thays, un paisajista francés que en 1892 le propuso a la intendencia crear un espacio para estudiar y disfrutar las plantas. Su idea era clara: armar un lugar dedicado al estudio de las especies, pero que a la vez fuera un paseo de una belleza zarpada. Quería que combinara disfrute, aprendizaje y reflexión sobre la importancia de la flora para nuestra vida en la ciudad.
Este manso parque no es solo árboles; tiene cinco invernáculos con especies que necesitan un clima especial, una biblioteca botánica que es un golazo para los curiosos, y hasta 33 obras de arte entre esculturas y bustos que te cruzás mientras caminás. Además, ofrece senderos autoguiados para que descubras la flora nativa, los árboles de la ciudad y hasta un jardín de mariposas.
Thays no se guardó nada: además del Botánico, dejó su marca en un montón de parques y plazas por todo el país, como el 3 de Febrero, Parque Centenario o Plaza Lezama, por nombrar algunos. Su filosofía, según cuentan, era que "para ser feliz es preferible vivir en una cabaña dentro de un bosque que en un palacio sin jardín", y él mismo eligió vivir dentro del Botánico.
Hoy, el Jardín Botánico sigue siendo un refugio clave para la biodiversidad y un lugar donde la gente va a pasear, aprender y desconectar del ritmo de la ciudad. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1996, y nos invita a todos a cuidar nuestro patrimonio verde, ofreciendo no solo un remanso sino también un espacio fundamental para la educación ambiental y la conservación activa.