La confitería de Caballito que vio nacer a Sui Generis y fue testigo de encuentros impensados: ¡un clásico del barrio!
En pleno Caballito, El Greco es mucho más que un bar. Fue la cuna de Sui Generis, donde Charly y Nito se encontraron, y también escenario de reuniones políticas de Macri y Santucho. ¡Un pedazo de historia porteña!
Hace poco se cumplieron 50 años del mítico "Adiós Sui Generis", esa despedida que nos dejó a todos con la boca abierta. Y para celebrar, o mejor dicho, recordar semejante fecha, nos metemos de lleno en la historia de un lugar clave de Caballito: la Confitería El Greco. Ahí, en pleno Rivadavia 5353, donde hoy te tomás un café o te llevás un pollo al spiedo, fue la cuna de algo grande.Cuentan los libros, como el "Todo Sui Generis", que en sus mesas se gestó el nacimiento de una de las bandas más importantes de nuestro rock. Pibes del Dámaso Centeno, como Charly García, Beto Rodríguez y Alejandro Correa, de To Walk Spanish, querían sumar a Carlos Piegari de The Century Indignation. Pero Piegari, que no se guardó nada, les dijo: "¡Ni loco! Si no viene Nito Mestre, mi amigo y cantante, no hay trato". Y así, con esa condición, en El Greco se selló el acuerdo que unió a las bandas y dio origen al legendario Sui Generis.Pero El Greco no fue solo rock. Sus paredes también fueron testigos de historias políticas bien distintas. En el "66, Mario Roberto Santucho, un referente de la izquierda, organizó ahí el 2° Congreso del PRT. Décadas después, en un giro impensado, Mauricio Macri eligió el mismo lugar para anunciar su candidatura a la presidencia de Boca Juniors. ¡Imaginate la de charlas y discusiones que habrán escuchado esas mesas!Hoy, El Greco sigue firme, elegante, con su isla central llena de delicias. Es confitería y rotisería, abriendo de lunes a lunes desde temprano. Y ojo al dato: ¡hacen pan dulce todo el año! Hablando con Roberto Fernández, uno de los dueños, me contó que el servicio es un lujo. Hay mozos con años de cancha, como Marcelo Rey, que lleva 26 años ahí y conoce a todo el mundo. Roberto, con una discapacidad visual, confiesa: "Hay muchos famosos que entran y yo no los veo". Pero Marcelo, que tiene la posta, me tiró una lista zarpada de personalidades que pasaron por ahí, desde Bochini y Yiya Murano hasta Abel Pintos y Larreta.Con más de 120 años de historia si contamos sus orígenes como Campidoglio, El Greco es un pilar del barrio. Auspicia a Ferro, es sede del Rotary y hasta recibe a alumnos con discapacidad visual. Y hablando de historias, la mía se cruzó con la de Roberto, el dueño, de una manera increíble. Él me contó que empezó a laburar a los 12 años en la pizzería Iguazú en 1975. ¿Y qué pasó ese año? El 5 de septiembre fue el "Adiós Sui Generis". Yo, con 14, fui al Luna Park con mis hermanos y, como era costumbre, después paramos en la Iguazú. ¡Así que nos cruzamos de pibes, sin saberlo, en la misma pizzería, el mismo día del show que marcó a una generación! Cincuenta años después, la vida nos volvió a juntar por la misma pasión.Salgo de El Greco y, mientras camino por Rivadavia, la "calle mayor" de Caballito, no puedo evitar que se me venga a la cabeza el "Natalio Ruiz" de Sui Generis. Esa letra, que la escribió el mismo Carlos Piegari que puso la condición para que Nito entrara a la banda en este bar, hoy me hace pensar que, como diría Gardel, "cincuenta años no es nada". Y con esa melodía en la cabeza, me voy tarareando: "Y cuando pasó el tiempo alguien se preguntó, a dónde fue a parar Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris".