Tu amigo subió de peso: ¿silencio cómplice o charla de verdad?
Esa regla de oro de no hablar del cuerpo ajeno... ¿siempre es lo mejor? Una médica especialista nos abre los ojos sobre qué hacer cuando vemos a un ser querido con problemas de peso.
Uno tiene una amiga, de esas de toda la vida. Hace un tiempito que no la ves y, de golpe, la tenés en casa. Y sí, la ves distinta: subió unos cuantos kilos. Y ahí viene la duda que nos carcome: ¿decir algo o hacerse el distraído? Porque la "regla" dice que del cuerpo de los demás no se habla, ¿viste? Pero a veces, el silencio se siente más a traición que cualquier palabra.Desde hace rato nos bombardean con mensajes: "no opines", "no mires", "hacé de cuenta que no pasa nada". La idea es buena, proteger al otro de la agresión. Pero, ¿es la indiferencia lo mejor que podemos dar a alguien que queremos? Googleás "no se habla del cuerpo de los demás" y te aparecen mil notas diciendo que es así, que es de mala onda, que afecta la autoestima. Pero acá la cosa cambia: ¿no puedo hablar, ni por cariño, solo porque la mayoría de los comentarios son hirientes?Podemos pensar que nuestra amiga ya sabe que engordó, que no necesita que se lo marquemos. Pero, ¿y si abrir esa puerta es también un gesto de amor? La doctora Susana Gutt, médica especialista en Nutrición del Hospital Italiano, nos tira la posta: "La obesidad es una enfermedad neurobiológica", y en agosto de 2025 lo publicará la revista Cell. No es solo "comer de más", sino que hay un quilombo con el hambre, la saciedad, la grasa corporal. Es una enfermedad, pero con un estigma zarpado, porque se ve.Entonces, ¿hablo o no hablo? La Dra. Gutt es clara: no es lo mismo que te griten "¡gorda!" en la calle, que es una agresión, a hablar con alguien que querés. "Si ves a alguien con una enfermedad oncológica, sin cabello, y tenés un vínculo, le preguntás si necesita ayuda. Con la obesidad es igual", explica. La clave es la empatía. No es "che, qué gorda que estás", sino con cuidado, con delicadeza. "Te veo con este problema, ¿querés hablar de esto?", esa es la pregunta que abre la puerta.No hablar, tapar, negar que algo pasa, solo facilita que la enfermedad avance. Y que la obesidad no esté bien reconocida como enfermedad, hace que no tenga la cobertura médica que debería. La médica advierte: "Aceptar esos cuerpos sin más, pensando "soy feliz así", te puede llevar a terminar diabético, hipertenso, con problemas cardíacos o renales en el futuro. Esto se cocina a fuego lento, con los años".La idea es hablar, pero hablar bien. Sin suponer que decir es atacar. Pensar en el otro, hacer algo. Dejar de ser cancheros. La Dra. Gutt lo resume: "Se habla del cuerpo del otro, depende dónde, depende cuándo, depende quién y depende cómo". Estamos todos en la misma, muchachos. ¿Por qué callarnos o hacernos daño? Hablemos, pero con respeto y cariño.