Caen los "mochileros de la cocaína": la Justicia sentenció a la caravana narco de Salta
Cuatro de los once que cayeron en el monte salteño con casi 200 kilos de droga, recibieron penas de hasta 10 años. Un operativo clave de Gendarmería que desbarató un gran cargamento.
Después de un año y pico de espera, la Justicia le puso el moño al caso de los "mochileros de la cocaína" en Salta. Cuatro de los once que cayeron en pleno monte con casi 200 kilos de falopa, recibieron su merecido.
El Tribunal Oral Federal N°2 de Salta, el 11 de agosto, no anduvo con chiquitas. Ramón Bernabé Saban se llevó la peor parte con 10 años de cana, mientras que Eduardo Aníbal Saban, Miguel Matorras y Juan Franco González ligaron 8 años cada uno. Todos por llevar esa carga infernal de 195 kilos de cocaína, cerquita de la frontera con Bolivia.
La historia arrancó hace más de un año, cuando unos gendarmes que patrullaban "La Porcelana" en Salta se toparon con un tipo camuflado y armado, liderando una fila de "mochileros" que se metían de lleno en la selva. Ahí nomás se encendieron todas las alarmas.
La Gendarmería no durmió y se mandó un operativo zarpado, siguiendo el rastro casi nueve kilómetros por esos senderos complicados. A la noche, los agarraron en pleno monte. Ramón Saban cayó con una escopeta, y Miguel Matorras también. Ahí les encontraron las primeras dos mochilas con 33 kilos de la blanca.
Al otro día, con la luz del sol, el rastrillaje siguió y atraparon a Eduardo Saban y Franco González, que intentaban esconderse como ratas. Y lo mejor: encontraron doce mochilas más, ¡llenas de ladrillos! El conteo final fue de 195 kilos de cocaína y un par de armas más. Un golazo de la Gendarmería.
Se ve que estos muchachos se la habían pensado bien. Usaban mochilas camufladas, linternas idénticas y hasta dejaban la comida en los árboles para no dejar rastros. Todo un despliegue para pasar desapercibidos en la selva y traer la droga desde Bolivia.
En el juicio, la defensa quiso vender que andaban de caza, ¡como si nada! Pero el tribunal no se comió el cuento. Quedó claro que todos sabían lo que hacían y que estaban metidos hasta las patas en el negocio. Así que, a pagar por el transporte de estupefacientes agravado. Un quilombo que les salió caro.