Ola de robos boqueteros y con "modus operandi" calcado: comerciantes platenses y del Conurbano, hartos de la inseguridad
La Plata y Morón sufrieron una serie de asaltos a locales comerciales con el mismo método: boquetes, cámaras desactivadas y dueños que ya no saben cómo seguir adelante.
Un nuevo golpe a la tranquilidad de los comerciantes sacude La Plata. Esta vez, una concesionaria automotriz fue el blanco de un robo de película durante la madrugada del domingo. Los delincuentes, con una astucia preocupante, lograron desactivar las cámaras de seguridad y se metieron al local por el techo de una oficina, como si nada.El dueño recibió el aviso en su celular a las 3:05 de la mañana: cámaras apagadas, alarma sonando. La seguridad privada fue, pero al no ver movimientos raros desde afuera, se volvió. Adentro, el panorama era otro: se llevaron una caja fuerte con plata y tarjetas de la empresa, y hasta el grabador de las cámaras para que no quede rastro. Para escapar, no tuvieron mejor idea que usar una camioneta del propio local para romper el portón y salir a toda velocidad, dejándola abandonada en la puerta.Pero la cosa no termina ahí. Ese mismo fin de semana, una conocida hamburguesería platense también se dio un palo tremendo. Los ladrones, con el mismo descaro, le hicieron un boquete a la pared y dejaron el lugar hecho un quilombo. Destrozaron cajas, la cocina, forzaron lockers y arrasaron con la oficina. Billetes tirados por el suelo, un desastre total.La indignación de los dueños es total. "Ya no se aguanta más, en ninguna ciudad de la Provincia de Buenos Aires se puede vivir. Ya no queremos laburar más, estamos hartos", soltó Nahuel Gianni, encargado de la sucursal de San Carlos, reflejando el sentir de muchos. Desde las redes sociales, la empresa lo dejó claro: "Cada robo no solo nos golpea económicamente, también nos lastima emocionalmente".Y para colmo, este tipo de robos boqueteros no es nuevo ni exclusivo de La Plata. Hace unos meses, en Morón, una joyería llamada Litsa sufrió un golpe idéntico. A metros de la municipalidad y a dos cuadras de la comisaría, los cacos entraron por un boquete desde una peluquería vecina y se llevaron "todo", según contó el dueño. También desactivaron las cámaras y se afanaron los DVR.Parece que la modalidad se repite y los comerciantes están al límite. Un boquete por acá, cámaras desactivadas por allá, y la sensación de que nadie está seguro. La policía investiga, los peritos buscan pistas, pero la bronca y el cansancio de quienes laburan y ven cómo les vacían sus negocios, sigue creciendo. ¿Hasta cuándo?