El día que Mike Tyson se dio un palo tremendo en Harlem: ¿su rival tenía fuerza alienígena?
Una noche de 1988, después de ganarle en el ring, Iron Mike se cruzó otra vez con Mitch Green. La pelea callejera fue tan salvaje que Tyson terminó con la mano rota y un susto de muerte.
La bronca venía de antes. En 1986, Tyson le había ganado a Green por puntos en el Madison Square Garden. Aunque Green perdió, aguantó los diez rounds, y eso lo dejó con ganas de revancha y con la idea de que Don King, el promotor, le había hecho la pata.
Esa noche, Tyson fue a buscar una campera. Green, sin remera y re sacado, lo encaró a los gritos. Mike intentó calmarlo, le recordó la paliza del ring y le dijo que se fuera. Pero Green no aflojó, y Tyson no se guardó nada: le metió un derechazo que lo hizo retroceder, ¡pero el tipo no se caía!
El mismísimo Iron Mike contó que Green parecía tener una "fuerza casi alienígena", como si estuviera bajo los efectos del PCP, una droga conocida como "polvo de ángel". Tyson le daba y le daba, pero Green seguía de pie, tambaleándose como si nada. Al final, Tyson tuvo que meterle una patada giratoria, ¡onda Bruce Lee!, para recién ahí poder tirarlo.
El campeón no la sacó barata. Se fracturó la mano en la pelea, y por eso tuvo que posponer la defensa de su título mundial contra Frank Bruno. Un verdadero garrón que le cambió toda la agenda.
Green, por su parte, tiene otra versión: dice que Tyson lo sorprendió con un golpe de traidor. Y la cosa no terminó ahí. Después, Green le rompió el espejo a su Rolls-Royce. Tyson bajó, le dio otro golpe, y al verlo tirado, sin moverse, pensó que lo había matado. El pánico lo hizo salir rajando de ahí.
Recién al otro día, cuando vio la foto de Green con el ojo morado en los diarios, Tyson pudo respirar tranquilo. Ahí se dio cuenta de que su rival, por suerte, había sobrevivido a ese encontronazo zarpado.