Camionero se quiso salvar con $300 lucas y le salió el tiro por la culata en Chubut
Un chofer de Puerto Madryn intentó sobornar a un policía en Rawson para zafar de una infracción. La jueza no dudó y le abrió una investigación por cohecho.
No se guardó nada y fue directo al grano. "Le doy una plata para que me deje ir. Sé que estoy en falta. Le doy unos $300.000 para que me deje ir", soltó un camionero en Rawson, pensando que con esa oferta se salvaba de un problema.
Pero la jugada le salió cara. La jueza de garantías Eve Ponce no dudó y le abrió una investigación formal por cohecho activo a Nicolás Flores Orquezo, un chofer de Puerto Madryn que se dio un palo legal por querer arreglar las cosas por abajo de la mesa.
Todo empezó el 28 de agosto, cerca de las dos de la tarde, cuando los policías de Rawson vieron un camión con acoplado y dos camionetas (una Mercedes Benz y una Toyota) mal estacionados, haciendo un quilombo en la calle Patagonia al 1300. Estaban bloqueando todo el tránsito, como si nada.
Al acercarse, los agentes notaron que estaban bajando mercadería del camión a las camionetas. Y ahí saltó la ficha: había de todo, desde frutas y verduras hasta electrodomésticos y ¡sustancias químicas! Una mezcla que no va y que hizo que Bromatología municipal tuviera que intervenir, además de la infracción de tránsito.
En medio del control, Flores Orquezo se acercó a un cabo de la policía y, en voz baja, le tiró la oferta de los 300 mil pesos para que lo dejara seguir como si nada. Pensó que con esa plata arreglaba todo el despelote.
Pero el policía se puso las pilas, no le dio ni cinco de bola a la coima y le labró el acta de infracción correspondiente. Ahora, la Fiscalía de Rawson, con el fiscal Leonardo Cheuqueman Levill a la cabeza, tiene seis meses para investigar este intento de soborno, con testimonios y hasta una grabación de audio como pruebas.
Así que, por querer ahorrarse unos pesos y esquivar la ley, este camionero se metió en un lío mucho más grande. Parece que algunos todavía no entienden que la viveza criolla tiene un límite, y a veces, ese límite te sale carísimo.