Julio Chávez, el actorazo que la rompe con "La Ballena", se sincera: "Soy vulnerable a la mirada del otro"
El reconocido actor, que agota entradas en Buenos Aires y se va de gira por el país, habló sin filtro sobre su trabajo, su timidez y cómo le pega la opinión ajena.
Julio Chávez, una de las figuras más potentes de nuestro teatro, está viviendo un momento espectacular. Su obra "La Ballena" llenó todas las funciones en el Paseo La Plaza y ahora se prepara para hacer temporada en Córdoba y Mar del Plata, un verdadero golazo para el verano. La gente lo sigue, y él, como siempre, no se guarda nada.
En una charla a corazón abierto, Chávez nos contó cómo vive el laburo y las relaciones en el ambiente. Aunque muchos lo ven con un carácter fuerte, el actor confiesa que el arte es un quilombo y que la convivencia, tanto en el escenario como en la vida, puede ser compleja. Él se define como un trabajador serio y eso, a veces, genera fricciones.
"Intento formarme, leer, discutir el guion a fondo, no solo si me gusta o no", explicó. Llega a los ensayos con ideas, propone, confronta, pero siempre con la oreja bien parada para escuchar al director y a sus compañeros. Esa autoexigencia la traslada al resto, buscando lo mejor para el proyecto.
Fuera de las tablas, se considera un "cholulo" del medio, de esos que se ponen tiesos al lado de una figura que admira. "Me pongo con pudor, y el otro puede pensar que soy antipático, pero la verdad es que soy muy tímido", reveló. Una faceta poco conocida de este gigante de la actuación.
Y la confesión más fuerte: "Soy profundamente vulnerable a la mirada del otro". Asegura que no tiene "mucha espalda" para el maltrato. Puede recibir cien elogios, pero una sola crítica negativa "se cae como los palos del bowling". Para él, si no hay mirada del otro, el teatro no tiene sentido.
Sobre "Charlie", su personaje en "La Ballena", nos dijo que es un tipo "bien complejo", que nunca se termina de entender qué le pasó. "Tiene algo misterioso", algo que nos une a todos porque, al final, uno lamenta que ese hombre no haya podido salir adelante, pero a la vez lo respeta.
Chávez, que de chico se emocionaba frente al espejo y aún hoy le cuesta un montón despedirse de los lugares y las personas, nos deja pensando. Su vulnerabilidad, que a veces juega a favor y otras en contra, es parte de su ser y de su arte. Un actor que, más allá del personaje, se muestra tal cual es.