La película que nos interpela: ¿Somos el "Homo Argentum" que dice ser solidario, o el que mira para otro lado?
Guillermo Francella nos interpela en la pantalla: ¿Somos tan solidarios como decimos o el "Homo Argentum" prefiere mirar para otro lado cuando la cosa se pone fea? Un viaje a nuestras contradicciones.
Imaginate la escena: una fiesta de esas top en Palermo o Recoleta, y Francella, impecable, se escapa al balcón a fumar y tomar una birra. De golpe, un descuido, una torpeza, y se arma un quilombo bárbaro en la calle. ¿Su reacción? Después de hablar de los valores y la solidaridad argentina, cierra el ventanal como si nada, volviendo a su mundo. Esa es la patada inicial de "Aquí no ha pasado nada", uno de los cortos de la exitosa película "Homo Argentum".
Esta postal, que nos muestra la cara B del argentino, es el corazón de la peli de Cohn y Duprat. Francella interpreta a varios personajes que nos ponen un espejo, y este primero es lapidario: la distancia enorme entre lo que decimos ser y lo que hacemos. ¿Somos ese "Homo Argentum" que se jacta de solidario, o el que prefiere no hacerse cargo cuando el problema es ajeno?
La actitud de "aquí no pasó nada" nos remite a una frase vieja pero vigente: "Yo, argentino". ¿De dónde viene? El historiador Daniel Balmaceda cuenta que en la Primera Guerra Mundial, nuestros compatriotas que andaban por Europa levantaban el pasaporte y decían "¿Yo? ¡Argentino!" para desligarse de los conflictos. Otros, como Adrián Pignatelli, la vinculan a los inmigrantes que, frente a la represión de ideas socialistas o anarquistas, gritaban "¡Yo, argentino!" para mostrar su nacionalidad. Una forma de escapar, de decir "el problema no es mío".
Francella, en la peli, dice que el argentino "individualmente le pasa el trapo a cualquiera", que somos creativos, familieros, solidarios. Pero los números dicen otra cosa. Según el World Giving Index 2024, Argentina está en el puesto 93 de 142 países. Una realidad que nos pega fuerte, lejos de esa imagen que tenemos de nosotros mismos.
El sociólogo Roberto Gargarella tira una bomba: quizás ese personaje de la peli no representa a "todo el argentino", sino a un tipo muy particular, el "palermitano". Ese que tiene buena posición, formación cultural, pero que en sus consumos y comportamientos se contradice. La película, parece, se ríe un poco de ese sector de la sociedad.
Y para cerrar, la Bersuit Vergarabat lo canta sin anestesia en "La Argentinidad al Palo": "Yo argentino, como el tiro en el corazón de Favaloro. Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial. Podemos ser lo mejor. O también lo peor. Con la misma facilidad". Una frase que nos invita a pensar qué clase de "Homo Argentum" somos en verdad.